Pasando el trapito

Traigo a la memoria una simple pero muy significativa historia. Por allá en los años 80 cuando alternaba mi servicio al Señor Jesús con el trabajo en una entidad reconocida del país, me encontraba hablando con el Director general acerca de una decisión que debíamos tomar.

Mientras esto ocurría, fui invitado por mi superior a que saliéramos de la oficina y empezamos a recorrer los amplios pasillos del recinto, y así discurría el tiempo mientras encontrábamos la solución buscada. De un momento para otro, hicimos un pare y de manera intempestiva la voz fuerte y gruesa unida a su autoridad de mi jefe, resonó en los pasadizos, mientras simultáneamente llamaba a la muy querida Nina, quien era la encargada de los oficios varios y de aseo y a su vez le reclamaba porque una pared de la blanca estructura estaba sucia. Esto lo hacía entretanto señalaba con su índice derecho un parche negro que saltaba a la vista en la nívea pared. Entre susto y vergüenza, la señora en mención y con trapo en mano, respondió: “Doctor, hace nada que pasé este trapo precisamente sobre el punto que usted me señala”.

Mi sorpresa unida a mi silencio fue evidente y con un poco de risa en mis adentros, pude decirme a mí mismo: “La señora no ha pasado ese trapo por ninguna parte” Mi apreciación no fue distinta a lo que verbalmente le expresó el superior. Termino aquí la sencilla y hasta de pronto insignificante historia, pero quiero manifestar una reflexión.

No son pocas las veces en las que no tomamos en serio nuestras infracciones, errores y hasta pecados y creemos que con solo pensar en “pasar el trapito” o pasándolo muy leve, disimulada y superficialmente, creemos que ya solucionamos los problemas, o limpiamos nuestros errores y pecados.

Ni siquiera quiero pensar, si de esa manera como la señora de la historia, hubiese sido el proceso de limpieza que el Cordero de Dios hizo en cada uno de nosotros.

Seguramente estaríamos con la mancha evidente del pecado, pero creyendo que todo estaría bien con Dios, según nuestra propia apreciación y no según la de Dios.

Agradezco a Dios por santos escritores como el apóstol Juan, quien no deja ni una sombra de duda, al afirmar que la Obra de Cristo Jesús, no fue como pasar suavemente un trapito o que simplemente no lo haya pasado. La verdad absoluta es esta:

Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa. Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros. 1Jn 1:4-10

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

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