La Biblia dice:
“Y se decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.”
Génesis 42:21 (RVR60)
La historia de los hijos de Jacob, ahora postrados ante el gobernador de Egipto (quien resulta ser su hermano José), es un poderoso espejo de nuestra propia vida. Veintidós años antes, estos hombres cometieron una serie de pecados graves contra su joven hermano: lo odiaron, lo secuestraron, le robaron y lo vendieron como esclavo, además de mentir a su padre, Jacob, causándole un dolor indescriptible (Génesis 37).
En ese momento de crimen, su conciencia estaba cauterizada por el odio y la envidia. Sin embargo, en el instante en que se encuentran en aprietos, acusados de ser espías y enfrentando una sentencia de muerte en una tierra lejana, su memoria se activa de forma dolorosa. La angustia del presente (la cárcel, la amenaza, la escasez) se convierte en el catalizador que les hace reconocer la causa original de su sufrimiento: el pecado cometido en el pasado.
El dolor y las dificultades del presente a menudo son el eco de pecados no resueltos del pasado. Dios usa las “angustias” (problemas, escasez, enfermedad, presión) como un despertador espiritual. No siempre son castigo, sino una llamada al arrepentimiento y al reconocimiento de nuestra maldad.
Para meditar:
* ¿Qué “aprieto” o situación difícil en tu vida ha provocado que recuerdes un pecado del pasado?
* ¿Estás usando tu momento de angustia para reconocer tu falta o solo para quejarte de tu situación?
Oración
Dios y Padre, reconozco que soy un pecador necesitado de Tu perdón. Gracias por usar la aflicción del presente como un despertador espiritual para hacerme recordar aquellos pecados del pasado que silencié y que no he resuelto.
Te pido que me perdones en el Nombre precioso del Señor Jesús y que por el Poder de Tu Espíritu Santo, me permitas ver la causa original de mi sufrimiento. Amén
Rvdo. Nicolás Ocampo J.