La Biblia dice:
“No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará Vida Eterna.”
Gálatas 6:7-8
Existe una verdad crucial en la vida cristiana: estar en Cristo Jesús significa que no hay condenación eterna(Romanos 8:1). Dios nos perdona y nos salva del juicio final por Su Amor Inagotable que es Gracia. Sin embargo, ser perdonado no siempre significa que las consecuencias naturales de nuestros pecados desaparecen.
Los hermanos de José fueron perdonados por José mismo, pero tuvieron que vivir con el recuerdo de su maldad y con las cicatrices emocionales que dejó (Génesis 50:15-21). De igual forma, una persona perdonada que siembra para su naturaleza pecaminosa – por ejemplo, en un yugo desigual o en una sociedad deshonesta -, aunque salva, tendrá que lidiar con la cosecha: un matrimonio complicado, problemas jurídicos o pérdidas financieras.
El pecado trae consecuencias que pueden ser irreversibles: un divorcio, un embarazo no deseado, daños a la reputación, pérdidas materiales o, la más dolorosa para el creyente, la culpa y la vergüenza persistentes.
Ignorar la conciencia y la Palabra de Dios puede llevar incluso a naufragar en la fe, como advierte Pablo:
“Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó.”
1 Timoteo 1:19 NTV
Para meditar:
* ¿Estás lidiando con consecuencias dolorosas e irreversibles de una mala siembra del pasado?
Recuerda: Tu salvación está segura en el Señor Jesús, pero debes arrepentirte de tu pecado y aceptar las consecuencias como parte del proceso de disciplina y madurez que Dios permite.
Oración
Padre Celestial, por causa de mis decisiones equivocadas y mi pecado personal, he experimentado el dolor, la culpa y la vergüenza. Ahora que me has salvado por la fe en Cristo Jesús, te ruego que me des valor y firmeza para no pecar más contra Ti y para esperar con gozo la restauración final de todas las cosas.
Gloria a Ti por Cristo Jesús y por Tu Espíritu Santo que has puesto sobre mí como sello para el día de la redención. Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.