La Biblia dice:
“Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.
—¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.”
Mateo 2:1-2 NVI
Siglos antes del nacimiento del Señor Jesús, un profeta llamado Daniel fundó una escuela profética en Babilonia (Daniel 5:11), lugar donde pasó casi toda su vida como cautivo y al servicio de reyes de dos imperios (Babilónico y Medo-Persa).
En su escuela, Daniel les había enseñado a sus estudiantes las Sagradas Escrituras, haciendo énfasis en cada pasaje en el que Dios revelaba progresivamente cómo sería la llegada del Mesías de Israel (1 Pedro 1:10-12).
Durante casi cuatro siglos esta enseñanza se transmitió en Persia, en la escuela que Daniel había fundado, y es así como este grupo de sabios al observar una estrella en el firmamento nunca antes vista, entienden que el tiempo del cumplimiento de la profecía ha llegado, el Dios humanado está ahora en medio de Su Pueblo (Isaías 60:5-6)
Cuando finalmente estos sabios llegan a Jerusalén, hacen una pregunta que revela el carácter de la esperanza que ellos en la distancia y en el tiempo han guardado:
“¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? […] Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo” (Mateo 2:2).
Mientras que para muchos la Navidad es sinónimo de luces, canciones, y regalos, para los sabios, la motivación de su largo viaje era singular: adorar al Rey. Ellos no vinieron solo a ver; vinieron a postrarse.
La expresión de los sabios pone un relieve especial en que Nació el Rey. Observe que ellos no dicen que “llegará a ser rey”. Dicen que nació rey, indicando que lo es eternamente, lo cual ratifican cuando afirman que ese Rey es digno de la adoración.
Esto nos invita a personalizar la misma pregunta ¿Es Jesús adorado por mí? Si el motivo central de Su nacimiento es establecer Su Reino y recibir la adoración, ¿cuál es la prioridad que le damos a Jesús en nuestra celebración navideña y en nuestro día a día? La adoración no es solo una canción, es una rendición de vida ante el Soberano.
Para meditar:
* ¿Mi vida (mi tiempo, mis recursos, mis palabras) refleja que he venido a “postrarme” ante Jesús como mi Rey, o Él es solo una figura secundaria en mis festividades?
Oración:
Señor Jesús, precioso Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel, eres el Rey de todo el universo y eres mi Rey.
Me postró ante ti, ante tu divina majestad y te ruego que así como los sabios guardaron sus corazones en esperanza para adorarte, yo sea hallado por el Padre como un adorador en Espíritu y en Verdad. Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.