La Biblia dice:
“Pero Dios lo levantó de entre los muertos.”
Hechos 13:30 NVI
Es fácil romantizar la imagen del “niño Jesús” en el pesebre, rodeado de humildad e inocencia. Sin embargo, este Rey a quien llamamos niño es realmente “el Varón que se levantó de la muerte por el poder del Espíritu Santo”.
La realeza de Jesús no se demostró solo al nacer, sino al vencer. La narración de Lucas y Hechos nos lleva del pesebre al madero, y del madero a la tumba vacía. Su nacimiento adquiere un valor especial porque sabemos el final de la historia: Él no es un rey que se hizo débil, sino el Dios eterno que se hizo hombre, murió, y resucitó.
La Navidad cobra su verdadero sentido porque la figura que adoramos en la cuna es la misma que tiene la victoria sobre el pecado y la muerte (Romanos 1:3-4)
Para meditar:
* ¿Estoy celebrando solo un nacimiento histórico, o estoy adorando al Rey resucitado cuyo poder me da nueva vida y esperanza hoy?
Oración
Señor Jesús, Tú eres el vencedor que ha obtenido el triunfo sobre el diablo, la muerte y el pecado.
Has sido resucitado por el Poder del Espíritu Santo y ahora por ti soy más que vencedor.
Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.