La Biblia dice:
“Esa noche había unos pastores en los campos cercanos, que estaban cuidando sus rebaños de ovejas. De repente, apareció entre ellos un ángel del Señor, y el resplandor de la gloria del Señor los rodeó. Los pastores estaban aterrados, pero el ángel los tranquilizó. «No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente.
¡El Salvador —sí, el Mesías, el Señor— ha nacido hoy en Belén, la ciudad de David!
Y lo reconocerán por la siguiente señal: encontrarán a un niño envuelto en tiras de tela, acostado en un pesebre».”
Lucas 2:8-12 NTV
Mientras que los sabios vinieron de lejos con presentes de reyes, los primeros en recibir la noticia y acudir a adorar al Rey fueron los pastores:
“Cuando los ángeles regresaron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «¡Vayamos a Belén! Veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos anunció». Fueron de prisa a la aldea y encontraron a María y a José. Y allí estaba el niño, acostado en el pesebre. Después de verlo, los pastores contaron a todos lo que había sucedido y lo que el ángel les había dicho acerca del niño.”
Lucas 2:15-17 NTV
Los pastores eran personas sencillas, consideradas de la más baja escala social.
El cuidado de las ovejas no conocía descansos. Por eso, los pastores eran tenidos por impuros: su trabajo les impedía guardar el Shabat, estudiar la Torá y participar en la comunidad. Sin embargo, en medio de esa exclusión y ‘suciedad’ ritual, el Rey del universo decidió manifestarles Su Gloria primero a ellos.
No eran reyes, ni sacerdotes, ni fariseos; eran simplemente hombres cumpliendo su trabajo.
El Rey recién nacido escoge a los humildes, a los marginados, para revelarles Su llegada. Esto nos enseña una lección profunda sobre el Reino de Dios: no está reservado para la élite religiosa o social, sino para los que tienen un corazón sencillo y dispuesto a creer (Isaías 57:15).
Los pastores fueron de prisa y, después de ver al niño, se convirtieron en los primeros evangelistas, contando a todos lo que habían visto y oído (Lucas 2:17-19).
Para meditar:
El Rey nació en la humildad y se reveló a los humildes. ¿Mi corazón está lo suficientemente despojado de orgullo o autosuficiencia para acercarme a adorar al Rey en el pesebre, o creo que necesito más para ser digno de Él?
Oración
Padre Celestial, te adoro por haberme escogido a mí. Tu Palabra afirma que “de lo vil y lo menospreciado del mundo escogió Dios”. Ser escogido para adorar a tu Hijo es un verdadero regalo que no quiero despreciar.
Te adoro en el Nombre precioso del Señor Jesús y en el Poder de tu Espíritu Santo, Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.