La Biblia dice:
“Después de oír al rey, siguieron su camino. Sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, sintieron muchísima alegría. Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y presentaron como regalos: oro, incienso y mirra.”
Mateo 2:9-11 NVI
Los sabios, al postrarse y adorar, abrieron sus cofres y le presentaron oro, incienso y mirra. Estos no fueron regalos comunes, sino ofrendas dignas de un Rey: el oro simbolizando Su realeza; el incienso Su divinidad; y la mirra, un ungüento para sepultura, prefigurando Su sacrificio.
La tradición de dar y recibir regalos es agradable, pero el ejemplo de los sabios nos llama a una ofrenda más profunda. ¿Qué tengo yo en mi cofre para presentarle al Rey que ha nacido?
Jesús, nuestro Rey, no necesita nada nuestro, pero sí anhela un corazón que le adore en Espíritu y en Verdad.
Al darnos a Él como ofrenda viva, le reconocemos como Rey.
El mejor regalo que podemos darle es nuestra propia vida rendida, nuestro tiempo dedicado a Su servicio, y nuestra voluntad alineada a la Suya.
Para meditar:
* ¿Qué “oro” (mi mejor tesoro), “incienso” (mi oración y adoración) y “mirra” (mi disposición a sufrir y morir a mí mismo por Él) estoy dispuesto a ofrecer hoy al Rey?
Oración
Señor Jesús, Tú eres el Rey de reyes y el Señor de los señores, pero eres también mi Rey y mi Señor.
Por eso, me ofrezco como una ofrenda de adoración para Ti.
Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.