La Biblia dice:
“Y tendrá un hijo y lo llamarás Jesús, porque Él salvará a Su Pueblo de sus pecados”
Mateo 1:21
A menudo celebramos la Navidad como un evento tierno: un pesebre, una estrella y un bebé durmiendo en paz. Sin embargo, el texto nos revela que el nacimiento de Jesús no fue un evento social, sino una misión de rescate militar y espiritual.
Dios se “infiltró” en la humanidad a través del vientre de María. No vino de vacaciones a la Tierra; vino a pagar el rescate de una humanidad secuestrada por el pecado.
El pecado no es solo portarse mal; es una cadena que nos impide ser libres. Ninguna buena obra o religión puede romper ese candado, solo la vida del Hijo de Dios entregada en la cruz.
Para meditar:
* La Navidad es el inicio, la Cruz es el cumplimiento: El pesebre no tiene sentido sin el Calvario. El Señor Jesús nació para morir y, al morir, compró nuestra libertad.
* Identificar el secuestrador: A veces creemos que somos libres, pero estamos atados al orgullo, al rencor, la mentira, la inmoralidad, la rebeldía, la insolencia o la codicia. Jesús vino específicamente por eso.
“Jesús los llamó y dijo: [ … ] así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”
Mateo 20:25a, 28 NVI
Oración
Señor Jesús, gracias por venir a dar Tu preciosa Vida en rescate por mí.
Me has hecho libre del pecado, has quitado mi mancha y me has dado Tu Espíritu Santo para que pueda transitar hacia la eternidad en victoria constante. Amén.
Rvdo. Nicolás Ocampo J.