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#140 LA ORACIÓN QUE ABRE LOS CIELOS: Sinceridad

La Biblia dice:
“En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”. Les digo que fue este pecador —y no el fariseo— quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados».”
Lucas 18:13-14 NTV

En este texto el Señor Jesús establece un contraste entre dos personas que tienen una actitud muy diferente.
En primer lugar, hay un hombre religioso que se justifica ante Dios por todas las “buenas obras” que hace para cumplir con los requisitos que demanda la Ley. Y en segundo lugar, hay un hombre que sabe que no hay nada bueno en él y por lo tanto suplica la compasión de Dios.

La lección del Señor Jesús es clara: es imposible orar correctamente si no nos conocemos y reconocemos quiénes somos. El fariseo oraba “consigo mismo” porque su orgullo le impedía ver su necesidad; el recaudador de impuestos, en cambio, tocó el corazón de Dios con una frase: “¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”.

A veces usamos etiquetas para ocultar pecados: decimos que somos “de carácter fuerte” cuando somos soberbios, o “ahorrativos” cuando somos tacaños. Pero la verdadera libertad llega cuando dejamos de justificarnos. Reconocer que somos “pecadores” es el primer paso para que el Espíritu de Dios limpie el alma.

Si tú mismo “te perdonas y te justificas”, cierras la puerta a la Obra de Dios.

Para meditar:
Haz un autoexamen hoy. ¿Qué etiquetas te ha puesto la gente que te ama (egoísta, rencoroso, impaciente)? En lugar de defenderte, llévalas a la presencia de Dios en oración y pídele Su compasión para que seas transformado.

Oración
Señor Jesús, soy un pecador necesitado de tu amor inagotable, misericordia y perdón.
Me uno a las palabras del Salmo 19 y te pido: líbrame de mis errores ocultos.
Hay cosas que dicen de mí que son verdad, aunque me duele aceptarlo.
Por favor, ayúdame, ten compasión de mí.
Amén.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor
  
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