La Biblia dice:
“Pues Dios le dijo a Moisés: «Tendré misericordia de quien yo quiera y mostraré compasión con quien yo quiera». Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo.” Romanos 9:15-16 NTV
A menudo vemos la Verdad de Dios como una vara de medir que nos condena. Sin embargo, la Biblia nos revela que la Verdad camina de la mano con la Misericordia.
Etimológicamente, misericordia significa tener un “corazón para el desgraciado”(miseros + cordis).
Esto cambia nuestra perspectiva de Dios: Él no es un juez distante esperando que alcancemos la perfección; Él es un Padre que inclina Su corazón hacia nuestra pobreza espiritual y nuestras manchas más profundas y que nos santifica progresivamente.
La Soberanía de Su Misericordia
El Espíritu Santo por pluma del Apóstol Pablo dice:”No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo” (Romanos 9:16).
Nuestra cultura nos enseña que todo se gana con esfuerzo. Pero la misericordia de Dios rompe esa lógica. Él no nos eligió porque vio algo “bueno” o “especial” en nosotros, sino porque Él quiso hacerlo para unirnos a Cristo Jesús (1 Corintios 1:30)
* No hubo presión externa.
* No hubo mérito propio.
* Fue una decisión soberana de Su amor.
Aquí es donde la Palabra de Dios nos confronta. Nosotros solemos ser selectivos con quién compartimos nuestra “misericordia” o nuestra compañía. Filtramos a las personas por su estatus, su pasado o su afinidad con nosotros.
Dios, en cambio, hace lo opuesto: Él elige lo que el mundo desprecia, lo que no cuenta, lo que es débil, para demostrar que toda la Gloria le pertenece a Él (1 Corintios 1:27-31).
Si has escuchado el mensaje de Cristo Jesús, lo has recibido, lo has guardado y eres salvo, es porque Dios decidió, en Su misericordia abrir tu corazón y no endurecerlo.
Para meditar:
Cierra tus ojos y piensa en aquello que consideras tu mayor “miseria” (ese pecado recurrente, esa debilidad o esa herida). Dios conoce eso que nadie más sabe, y aun así, decidió tenerte misericordia para que fueras miembro de Su Reino.
Oración:
Dios, hoy exalto Tu Nombre porque no me trataste como merecían mis faltas. Gracias porque Tu misericordia no depende de mis fuerzas, sino de Tu Voluntad perfecta. Gracias por inclinar Tu corazón hacia mi pobreza espiritual y por elegirme, aun cuando el mundo —o incluso yo mismo— me habría descartado. Ayúdame a mirar a otros con ese mismo “corazón para el desgraciado” que Tú has tenido conmigo.
En el Nombre precioso del Señor Jesús, Amén.
“Rvdo. Nicolás Ocampo J.