La Biblia dice:
“Además, con el bronce de los espejos de las mujeres que servían a la entrada de la Tienda de reunión, hizo el recipiente de bronce y su pedestal”.
Éxodo 38:8, NVI
En el Antiguo Pacto, los sacerdotes no podían iniciar sus labores ministeriales sin antes purificarse. Debían lavar sus manos y pies en la fuente de bronce, un objeto con un origen fascinante: fue forjado con los espejos de las mujeres que servían a la entrada del Tabernáculo.
Este detalle no es casualidad. El hecho de que el agua de purificación estuviera contenida en lo que antes fueron espejos nos deja una enseñanza profunda: para ser limpios, primero debemos ser confrontados.
En el Nuevo Pacto, la Palabra de Dios actúa como esa Fuente; es el Agua que nos purifica (Efesios 5:26) y, al mismo tiempo, el Espejo que nos revela nuestra verdadera condición.
Santiago, el pastor de Jerusalén, nos muestra la Palabra de Dios como el Espejo en el que debemos mirarnos y lo hace con el fin de advertirnos sobre el peligro de la superficialidad:
“El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es”.
(Santiago 1:23-24, NVI)
Para meditar:
• ¿Te has mirado honestamente en la Biblia esta semana? ¿O solo has echado un vistazo rápido para luego olvidar quién eres en Dios?
• No te acerques a la Biblia solo por rutina. Asómate a ella con determinación, hasta que el reflejo de tu viejo “yo” desaparezca y comiences a ver la imagen de Jesús en ti.
Oración
Padre Celestial, reconozco que me he contaminado con mi conducta y mis acciones. Le he dado honor a cosas y a personas como si fueran un dios, convirtiéndose esto en un ídolo en mi vida. Te pido que conforme a Tu Promesa en Ezequiel 36:25 me purifiques y limpies de toda mi impureza. Abre mi entendimiento para que pueda ver las maravillas de Tu Palabra que es la Biblia (Salmo 119:18).
Te lo pido en el Nombre precioso del Señor Jesús y en el Poder de tu Espíritu Santo, Amén.
“Rvdo. Nicolás Ocampo J.