La Biblia dice:
“Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.”
1 Juan 1:8 NVI
Vivimos en una era donde la semántica ha intentado anestesiar la conciencia. Llamamos “desliz” a la infidelidad, “error” a la mentira y “síndrome” a la falta de carácter. Pero el cambio de etiquetas no elimina la infección.
A pesar de lo anterior, el Apóstol Juan es tajante: si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos. Reconocer el pecado no es para hundirnos en culpa, sino para caminar en la verdad. La verdadera libertad comienza cuando dejamos de usar eufemismos y llamamos al pecado por su nombre ante Dios.
Al igual que la iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:17), nos decimos a nosotros mismos: “Soy rico, me he enriquecido y de ninguna cosa tengo necesidad”, sin darnos cuenta de que estamos: “desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos”.
Cuando nuestra vida espiritual está siendo alimentada por el predicador que solo dice “todo bien” no estamos siendo pastoreados, estamos siendo entretenidos como si a un paciente terminal se le dijera que puede estar tranquilo porque solo tiene un resfriado.
Si la Palabra de Dios no nos incomoda, es probable que no estemos escuchando la Palabra, sino un eco de nuestros propios deseos.
Para meditar:
* ¿He intentado justificar mis faltas llamándolas “errores” en lugar de pecados?
Oración
Padre Celestial, en una época en la que ser sincero es vivir el pecado con descaro llamándolo “Derecho” y “Libertad” mientras el que lo practica se hunde hasta la muerte, te ruego en el Señor Jesús que me des la Libertad que produce conocer Tu Verdad. He pecado y mucho, te pido que me perdones y me limpies.
Oro en el Nombre del Señor Jesús y en el Poder de tu Espíritu Santo, Amén.
Pastor
“Rvdo. Nicolás Ocampo J.