La Biblia dice:
“Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.”
1 Juan 1:8 NVI
Para definir lo que es “Pecado”, podríamos describirlo como el acto en el que decidimos que nuestra propia voluntad es más importante que la frontera que Dios trazó para nuestra protección.
Pecado no es ignorancia y no es solo lo que hacemos, sino una condición interna que nos inclina a buscar lo que nos daña.
La Palabra de Dios, que es la Biblia, nos enseña que todos hemos pecado (Romanos 3:23), no hay ningún acto humano de bondad por impresionante que sea que nos excluya de esa realidad: Todos hemos pecado.
Negar nuestra condición pecaminosa no es solo un error conceptual; es una forma de honrar al “padre de la mentira” (Juan 8:44). Cuando decimos “estoy bien” estando en pecado, levantamos una falsa alabanza que llega directamente al enemigo. La libertad solo comienza cuando llamamos al pecado por su nombre y entendemos sus dimensiones.
El pecado no siempre es visible, pero ante Dios siempre es evidente. Debemos distinguir su alcance y por eso será importante reconocer los Ámbitos del pecado:
* Pecados Ocultos: Aquellos que solo Dios y tú conocen. Es el secreto del corazón que nadie más sospecha.
* Pecados Privados: Son aquellos que solo Dios, tú y un círculo íntimo (familia, socios, amigos) conocen.
* Pecados Públicos: Aquellos que dañan a la comunidad o la congregación. Como el caso de figuras públicas cuyas faltas afectan a naciones.
El pecado oculto puede resolverse a solas con Dios (Proverbios 28:13; Isaías 55:7).
El pecado privado debe resolverse en el círculo donde ocurrió. No busques una audiencia pública para algo que requiere una restauración íntima, pero no uses la privacidad como excusa para no confesar y sanar tus relaciones más cercanas (Salmos 32:5-6; 2 Samuel 12:13-31).
En cuanto a los pecados públicos, estos requieren una confesión y sanción pública para restaurar el orden y el testimonio (Gálatas 2:11-14).
Para vencer el pecado, debemos entender de dónde viene y por qué nos domina, si Dios nos presta la vida, mañana continuaremos con esta parte.
Para meditar:
* ¿Hay algún pecado que por no ser escandaloso has mantenido oculto y te ha alejado de Dios?
* ¿Hay algo en tu círculo familiar o de amigos que deba ser confesado y restaurado hoy?
Oración:
Padre Celestial, confieso que he pecado contra Ti, no solo por tocar notas mentirosas en el “concierto” de mi vida, sino por querer dirigir la orquesta cuando en realidad fui creado para ser solo un instrumento. Perdóname por querer hacer mi voluntad y porque al tratar de hacerlo he huído de Tu Presencia.
Confieso que necesito el Perdón que me brindas en el Señor Jesús y lo recibo. Te pido que me ayudes a ser libre del pecado y a usar los miembros de mi cuerpo como instrumentos de justicia. Amén.
Pastor
“Rvdo. Nicolás Ocampo J.