Edificación Espiritual

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Israel y la Iglesia - Deuteronomio
Saludo Pastoral
29 de agosto, 2020

Israel y la Iglesia - Deuteronomio

Continúo durante los siguientes domingos compartirle algunos apuntes con respecto a la Historia de Israel y de La Iglesia. Y para ello empezaremos un viaje en el tiempo y nos trasladaremos a Deuteronomio. La razón: Si conocemos los orígenes de Israel, tendremos claro el Propósito Eterno de Dios al llevar a cabo la obra de Redención que consiste en levantar un pueblo santo para Él, compuesto por personas de Israel y del resto de las naciones. Espero que sea de mucho provecho para usted, así como lo ha sido para mí. Luego de cuarenta años de vagar por el desierto, los israelitas estaban listos para entrar en Canaán. En vista de que este Libro también resume La Ley para sus futuras generaciones, aquellos que la siguieran luego deberían también comprenderla y obedecerla, por lo tanto, esta vez, te invito a que visualices a los israelitas en la frontera de Canaán, deseosos de escuchar lo que el anciano y fiel líder Moisés, tenía que decir. Muchos de ellos habían nacido o habían alcanzado la edad adulta en el desierto. Moisés sabía que él no podría entrar a Canaán por su desobediencia, pero, aun así, lleno del Espíritu Santo dio tres extensos discursos, con los que reafirmó los requisitos del Pacto de Dios con Israel y la necesidad de que las futuras generaciones recordaran y vivieran de acuerdo con estos. Una vez más, te invito a que hagas un intento de ponerte en el lugar de alguno de aquellos y así entrar en ese sentimiento de expectativa que tenía aquella multitud reunida y que había esperado tanto tiempo por los acontecimientos que estaban por suceder. Estos fueron realmente discursos trascendentales en un tiempo vital en la historia de Israel. Veamos algunas características de este Libro: EL PACTO: El principal tema de Deuteronomio es la relación de Pacto entre el Señor y su pueblo. El inmerecido amor de Dios. (Deuteronomio7:6-9). Aprovecho esta oportunidad para recordarte otros Pactos de Dios, los cuales merecen un importante enfoque de Las Sagradas Escrituras: El Pacto con Noé (Génesis 9:8-17), El Pacto con Abraham (Génesis 15:9-21), el Pacto con el pueblo de Israel en el Monte Sinaí ( Éxodo 19:5-6), el Pacto Levítico ( Números 25:10-13), el Pacto con David (2Samuel 7:5-16), y el Nuevo Pacto ( Jeremías 31:31-34).  OPCIONES: El Pacto exhortaba al pueblo de Dios a enseñar, recordar y obedecer (Deuteronomio 6:6-25). Dios el Señor prometió que la obediencia traería bendición (Deuteronomio 28:1-14), pero advertía que la desobediencia resultaría en maldición y su consecuente daño (Deuteronomio 28:15-68). EL POBRE: Como un reflejo del amor de Dios por las clases socialmente vulnerables (Deuteronomio 10:18-19), Deuteronomio asignaba protección y mandatos especiales que involucraban la inclusión de viudas, huérfanos, extranjeros, personas con movilidad reducida y ancianos. (Deuteronomio 5:14; 14:29; 15:7-11; 16:11,14; 24: 10-21; 26:12-13; 27:19 : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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Israel y la Iglesia - Números
Saludo Pastoral
22 de agosto, 2020

Israel y la Iglesia - Números

Continúo durante los siguientes domingos compartirle algunos apuntes con respecto a la Historia de Israel y de La Iglesia. Y para ello empezaremos un viaje en el tiempo y nos trasladaremos a Números. La razón: Si conocemos los orígenes de Israel, tendremos claro el Propósito Eterno de Dios al llevar a cabo la obra de Redención que consiste en levantar un pueblo santo para Él, compuesto por personas de Israel y del resto de las naciones. Espero que sea de mucho provecho para usted, así como lo ha sido para mí. Al igual que los libros de Éxodo y Levítico, Números afirma que El Señor le dio leyes y órdenes específicas a Moisés. Los israelitas que sobrevivieron al período del viaje por el desierto, así como las generaciones posteriores, leyeron Números. Sin duda que usaron este Libro para estimular los recuerdos acerca de los pecados y fracasos de Israel, y sobre todo para recordar La Fidelidad ininterrumpida de Dios hacia su pueblo desobediente. Números que en hebreo significa “En el desierto”, nos presenta de manera documentada el viaje de Israel desde el Monte Sinaí hasta las planicies de Moab, en La Tierra Prometida. Veamos algunas características de este Libro: La buena disposición del Señor de vivir no solo con los israelitas, sino de hablar directamente con Moisés. (7:89) La orientación cuidadosa de Dios mientras su pueblo viajaba: cuándo acampar, y cuándo y dónde ir. (9:15-23) El rechazo rebelde de Israel de confiar en Dios y de entrar en La Tierra Prometida. (Cap 14) La Buena Voluntad de Dios a escuchar y hasta reconsiderar sus decisiones. (16:20-22) La Paciencia de Dios con su pueblo continuamente rebelde, combinada con varios castigos. La desobediencia de Moisés que le impidió entrar en Canaán (Cap 20) El amor de Dios por la santidad y su odio a pecados tales como la adoración de ídolos y la inmoralidad sexual. (Cap 25) Números también incluye los siguientes temas: La Misericordia y La Fidelidad de Dios. Dios guiando y consolando a su pueblo mientras les ofrece el perdón, la reconciliación y la esperanza. (9:17) La Justicia de Dios. Números describe el descontento, las quejas y la rebelión del pueblo de Israel y de sus líderes contra el Señor y su Provisión. Esperanza. La desobediencia trae juicio y dolor, pero el arrepentimiento y la obediencia resultan en el perdón y la esperanza. Incluso después de sus repetidos fracasos, Dios no abandonó a los israelitas para que murieran en el desierto. A través de este y otros acontecimientos significativos, Números presenta las verdades de que Dios es Soberano y que Su Propósito Eterno será cumplido: Un Pueblo Santo y distinto a los demás pueblos, Su Iglesia, la cual adquirió para Sí Mismo y purificándola y lavándola con Su Eterna Palabra.      : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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Israel y la Iglesia - Levítico
Saludo Pastoral
15 de agosto, 2020

Israel y la Iglesia - Levítico

Continúo durante los siguientes domingos compartirle algunos apuntes con respecto a la Historia de Israel y de La Iglesia. Y para ello empezaremos un viaje en el tiempo y nos trasladaremos a Levítico. La razón: Si conocemos los orígenes de Israel, tendremos claro el Propósito Eterno de Dios al llevar a cabo la obra de Redención que consiste en levantar un pueblo santo para Él, compuesto por personas de Israel y del resto de las naciones. Espero que sea de mucho provecho para usted, así como lo ha sido para mí. En comparación con os otros libros del Pentateuco, Levítico puede parecer difícil para quien se acerca a él por primera vez o de manera casual, porque en vez de historias milagrosas llenas de suspenso y narraciones acerca de personas importantes, leemos página tras página con detalles meticulosos sobre regulaciones de ofrendas, la toma de posesión de los líderes religiosos, las diferencias entre lo puro y lo impuro, los principios para una vida santa etc. En realidad, esto que parecen detalles pequeños jugaba un papel clave en el crecimiento y desarrollo del pueblo de Israel. Por favor presta atención al código de santidad que lo encuentras entre el capítulo 17:1 hasta el capítulo 25:55, acá en estas Escrituras ves que Dios abarca todo, desde la conducta sexual hasta el castigo a los delitos serios contra la observancia religiosa. Para reforzar el peso de estas leyes, Dios el señor delineó cerca del final de Levítico (26:1-46), las consecuencias respectivas de la desobediencia y la obediencia.  En el libro de Levítico encontrarás: 1.      SANTIDAD. “Sean santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy Santo” es el mensaje reiterado en este libro. En el libro de Levítico, la santidad espiritual es simbolizada por la perfección física o la pureza, así como por la separación del mundo. La pared divisoria entre la adoración judía y cristiana fue eliminada posteriormente por la invitación de Dios a confiar en Cristo Jesús y en su completa Obra en La Cruz. Te invito para que leas Gálatas 3:28; Efesios 2:11-12. De manera que las leyes de Levítico ya no necesitan ser cumplidas. Sin embargo, los principios morales que esas leyes defienden, aun se aplican hoy. Nuevamente te invito a que leas Mateo 5:1 hasta Mateo 7:29; Mateo 12:11-12; Marcos 2:23-28. 2.     PECADO, SACRIFICIO, EXPIACIÓN. Puesto que ningún ser humano es perfecto, Dios el Señor proveyó el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento como un medio de expiación. Bajo ese sistema, se debía entregar una vida a cambio de otra vida. Este acuerdo temporal ya no es necesario, porque la muerte del Señor Jesús pagó la pena por el pecado una vez y para siempre y por todas las personas. Lee por favor nuevamente Hebreos 9:23-28 3.     ADORACIÓN. Levítico revela el deseo de Dios de estar junto a Su Pueblo y disfrutar de un caluroso compañerismo con ellos. Mediante la adoración, el pueblo de Dios reconoce quién es Él y lo que ha hecho, expresándole su amor, honor, agradecimiento y alabanza a Él. : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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¿JESUCRISTO O supermán?
Saludo Pastoral
8 de agosto, 2020

¿JESUCRISTO O supermán?

Me permito hacer un pare por esta semana al no escribir sobre Israel y La Iglesia, para hacer un sencillo pero inquietante análisis sobre el desvanecimiento de la fe de muchos que dicen ser cristianos y que han olvidado que la justificación viene a nosotros cuando seguimos la línea de conducta de nuestro padre Abraham, quien creyó a Dios contra todo pronóstico, cuando ni él ni su esposa Sara eran óptimos para engendrar un hijo. Creer, como sucedió con nuestro padre Abraham que de una “pareja muerta” puedan aparecer generaciones es tener verdadera fe. Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: «¡Así de numerosa será tu descendencia!» Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Rom 4:18-19 Lastimosamente nuestros niños y creo que algunos adultos llevados por lo que ven y palpan, ya no se les oye mencionar a Jesucristo como nuestro Redentor, pero sí hacen alarde del comic supermán. Precisamente esa es una de las causas de la decadencia social y moral originada en el otrora “exportador” de misioneros Estados Unidos y que como gangrena ha recorrido no sólo a la América hispanoparlante sino al mundo casi en su totalidad. Si bien es cierto que en la segunda mitad del Siglo XX el evangelismo alcanzó altos niveles como nunca antes, también es cierto que las tinieblas no estuvieron quietas y creo, avanzaron vertiginosamente, opacando la fe de muchos. Tan cierto es lo que escribo, que hoy muchos niños piden a sus padres que les muestren el predicador charro, cómico, que los hace reír y no un predicador “aburrido” que les muestre la realidad de Dios, que es Cristo Jesús. Es en el Siglo XX cuando los Estados Unidos desarrolla su industria automotriz, el cine, el consumo masivo de drogas, la píldora anticonceptiva, el dólar, la bomba atómica, la televisión, la silla eléctrica, el avión, la comida chatarra, la publicidad, la informática, los satélites artificiales, y hasta los satélites naturales como la luna, donde lo único que hay pendiendo es la bandera norteamericana. Por eso es que el personaje que encarne este siglo extraordinario y terrible, ultracivilizado y bárbaro, será necesariamente norteamericano. No será un científico, ni un médico, ni un caudillo, ni un pacifista, ni un estadista, ni un pintor, mucho menos un músico, ni un millonario, ni un actor. No. Sólo un personaje de ficción puede abarcar, en toda su complejidad y su simplicidad, a los Estados Unidos, la verdadera efigie es otro personaje, se trata de supermán. Los creativos de este personaje que le dieron “vida” en 1938, nunca imaginaron que con su invención derribarían la verdadera fe de muchos en Cristo Jesús y una vez logrado este vacío, el espacio sería ocupado por un personaje imaginario al cual hacen ver como de acero, que puede volar y que inmigró desde un planeta desconocido para triunfar en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque es capaz de detener un tren con la palma de su mano, y de absorber una explosión nuclear con su pecho de acero. Porque hace creer a muchos ingenuos de que la fuerza puede servir a la justicia, más exactamente a la policía. Que este personaje de ficción hace confiar a muchos en la tecnología, con su visión de rayos equis, que traspasa las paredes para descubrir a los malhechores. Y es también el recurso a la hipocresía porque ese superhombre poderoso y brutal que finge como un modesto reportero de prensa llamado Clark Kent, para inspirar confianza, y que es un personaje aparentemente invulnerable, tiene su lado débil porque así como la sociedad americana se debilita moral y espiritualmente a causa de la droga, a él también lo debilita una droga venida del espacio exterior: La Kriptonita. Cambiaron entonces la Fe en el que no se ve, El Señor Jesús,  y que probadamente es invulnerable porque ni aun la misma muerte pudo vencerlo,  por la fe en alguien que como supermán o el anticristo venga rápidamente a solucionar los problemas del mundo y que pueda avivar el egoísmo que dicho sea de paso, hoy está debilitado y que tiene sumida a la gente en la tristeza y la depresión. Que viva el egoísmo y que muera la Fe, es lo que parece oírse en la gente, mientras que no se dan cuenta que el asunto es mucho más fácil de resolver de lo que parece, volver los ojos hacia Aquél de quien nos olvidamos, por ir a buscar lo que no se nos había perdido en un personaje irreal y de ficción que como todo lo de esta creación, también desaparecerá.   »Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Jeremías 2:12-13   : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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Israel y la Iglesia - Éxodo
Saludo Pastoral
1 de agosto, 2020

Israel y la Iglesia - Éxodo

Me permito desde hoy y durante los siguientes domingos compartirle algunos apuntes con respecto a la Historia de Israel y de La Iglesia. Y para ello empezaremos un viaje en el tiempo y nos trasladaremos a Éxodo. La razón: Si conocemos los orígenes de Israel, tendremos claro el Propósito Eterno de Dios al llevar a cabo la obra de Redención que consiste en levantar un pueblo santo para Él, compuesto por personas de Israel y del resto de las naciones. Espero que sea de mucho provecho para usted, así como lo ha sido para mí. Éxodo describe uno de los grandes sucesos documentados en la Biblia, la partida milagrosa de los israelitas de Egipto. El Señor no solamente liberó a su pueblo de la esclavitud, sino que en el proceso demostró Su Gran poder sobre los dioses de Egipto. Más adelante, Él guio a los israelitas pasos a paso hacia Canaán, la Tierra Prometida. Dios estaba empezando a transformar a este desobediente grupo de antiguos esclavos en una nación unida de Doce Tribus dedicadas a Él, ¡pero tenían mucho que aprender! El Señor intervino directamente en la vida diaria del pueblo en varias maneras.: Al reconocer sus necesidades físicas, les suplió el pan diario y agua, y les dio la victoria sobre sus enemigos. En el desierto del Sinaí, les dio Su Ley y estableció un Pacto especial con ellos. Se convirtieron en su pueblo santo, con una obligación solemne de confiar en Él y de obedecerle. El Señor hizo planes de vivir entre ellos, mientras viajaban por el desierto, en el Santuario portátil que les ordenó construir. En Éxodo encontrarás: La liberación del pueblo de Israel del yugo egipcio. El Pacto de Dios, a través del Decálogo o Diez Mandamientos. El Santuario. El deseo de Dios de estar presente entre su pueblo. Moisés. El hombre de Dios como instrumento para liberar a Israel. : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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Israel y la Iglesia - Génesis
Saludo Pastoral
25 de julio, 2020

Israel y la Iglesia - Génesis

Me permito desde hoy y durante los siguientes domingos compartirle algunos apuntes con respecto a la Historia de Israel y de La Iglesia. Y para ello empezaremos un viaje en el tiempo y nos trasladaremos a Génesis. La razón: Si conocemos los orígenes de Israel, tendremos claro el Propósito Eterno de Dios al llevar a cabo la obra de Redención que consiste en levantar un pueblo santo para Él, compuesto por  personas de Israel y del resto de las naciones. Espero que sea de mucho provecho para usted, así como lo ha sido para mí. Génesis de acuerdo con el testimonio de la misma Biblia le asigna su autoría a Moisés. Aunque los acontecimientos de Génesis ocurrieron mucho antes de que Moisés naciera, nos indica que todo lo recibió por comunicación sobrenatural directa de Dios, razón suficiente que nos permite creer lo que de otra manera no se hubiera podido lograr, reunir en un único texto detalles de las historias familiares de Abraham y sus descendientes, y de su vida en la comunidad israelita en Egipto. Génesis registra las historias de La Creación del mundo, la caída del hombre en el pecado, el Diluvio Universal, el llamado que El Señor le hace a Abraham y la primera historia de los ancestros de Israel. Las historias de Génesis probablemente circulaban entre los israelitas que vivían en Egipto, y les recordaba su herencia familiar y espiritual y explicaban su situación actual. Génesis preservaba las historias individuales (como las de José), que podían ofrecer esperanza al pueblo esclavizado de Dios. Las Promesas a Abraham sobre el futuro de su generación, también los motivaban. Más tarde, los israelitas se involucraron directamente en el éxodo, así como las generaciones sucesivas sin duda leyeron Génesis para poder comprender esta pieza de la grandiosa saga de su origen nacional. El cumplimiento de Las Promesas históricas de Dios a los patriarcas sirvió como testimonio de Su Fidelidad constante.   Génesis documenta el nacimiento y la primitiva historia de la humanidad. Dios no creó solamente el mundo físico, también con sus propias manos formó al hombre y la mujer a Su Propia Imagen, y les otorgó el regalo del libre albedrío. Con el tiempo se dieron cambios, entre estos la caída de la humanidad en el pecado y el gran diluvio resultante. Los siglos pasaron y en algún punto El Señor eligió concentrar su atención particular en un individuo (Abram), de una familia común, adoradora de ídolos, quien a su vez, optó por escuchar y obedecer a Dios. Desde estas raíces poco relevantes empezó la hazaña triunfante, y a menudo temporalmente trágica, de la historia de La Redención. En Génesis encontrarás: La Creación del mundo La Creación del ser humano El Pecado El plan global de Redención trazado por Dios mismo, entre otros. No dejes de estudiar Génesis, te recomiendo que lo hagas con todo esmero. : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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Cortina de humo
Saludo Pastoral
18 de julio, 2020

Cortina de humo

Frecuentemente me ha pasado que he leído innumerables veces un texto o pasaje de la Biblia, y lo encuentro menos interesante que otro, pero en el momento menos esperado, en ese mismo pasaje bíblico, el Espíritu Santo me lleva a fijar muy bien mis ojos y por supuesto mi corazón. Precisamente, en la mañana del viernes 17 de julio de 2020 mientras hacía mi tiempo devocional junto a mi esposa Marlen, estudiamos los capítulos 4, 5 y 6 del Evangelio de San Lucas,  siendo atraída mi atención por el siguiente texto, más propiamente por las palabras del Señor Jesús:   No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará. Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.» También les contó esta parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro.» ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo”, ¿cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. Lucas 6:37-42 Después de estudiado el anterior párrafo aprendí lo que para mí a partir de hoy, se constituye en una ley de vida: No juzgar, no condenar, perdonar y dar.  Posiblemente haya cumplido parcialmente con esta ley, mas no me la había tomado tan en serio, como lo estoy haciendo hoy. ¿Por qué digo que la cumplí parcialmente?  Porque en este caminar cristiano, nos sentimos seguros que por leer las Sagradas Escrituras, orar y llevar una vida devocional y de obediencia fraccionados, nos podríamos autodenominar como perfectos, quedando de esa manera con una dotación de “autoridad espiritual” para reprochar a los demás; dejando al margen la vida espiritual y de misericordia que el Señor quiere, y no nos damos cuenta que entramos por la puerta del legalismo y una vez adentro, nos la pasamos extendiendo cortinas de humo para de esa forma ocultar nuestras faltas y pecados, pero develando las faltas de los demás. Seguramente nos vamos a encontrar con personas hipócritas  o merecedoras de nuestro reproche, pero lo más aconsejable es resistirnos ante la tentación de rechazarlos o acusarlos. No es de nuestra competencia hacerlo. Lo más recomendable es centrar la atención en uno mismo. Seguramente me preguntarás: ¿Cómo centro la atención en mí mismo? La respuesta es sencilla: El mismo juicio tan certero que ibas a aplicar sobre tu “víctima”, aplícalo sobre ti. Francamente creo que a uno le queda más fácil encontrar la evidencia de hipocresía y pecados sin confesar, en uno mismo, que en los demás. Yo no puedo ser condescendiente conmigo mismo. Ante el Señor, tiene más validez mostrarme tal como soy, y no ir a mostrarle lo que supuestamente sé de los demás. Mi “autorecomendación” es que, cuando tenga un caso contra mí, debo llevarle toda la evidencia a Dios, y pedirle que limpie mi corazón. Créeme que esto seguramente no será un proceso fácil. Sin embargo, tengo la certeza que el resultado es definitivamente preferible a lo que me sucedería si caigo en la tentación de juzgar a los demás. No juzgar, no condenar; perdonar y dar, qué excelente manera de sobreabundar… en bendición. : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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¿Una vida doble?
Saludo Pastoral
11 de julio, 2020

¿Una vida doble?

Comienzo este saludo con la siguiente Escritura: Sara (Esposa del Patriarca Abraham),  vivió ciento veintisiete años, Génesis 23:1  Así que quiero hablar de esa tema que es esquivo para muchas personas, especialmente para las damas. La edad:  “Los años de la vida de Sara”, puede leerse también como ‘Las dos vidas de Sara’. ¿Por qué pensar que Sara tuvo dos vidas? No estoy  hablando aquí de una ‘Doble vida’ de Sara –Dios me libre y me guarde- al modo que solemos entender ‘la doble vida’ en nuestro mundo contemporáneo donde este concepto es sinónimo de marginalidad y engaño… Ocurre que, si bien nuestra vida es una, existen ciertos giros en nuestra existencia que hacen cambiar radicalmente nuestra percepción del mundo. El nacimiento de un hijo, la llegada del amor. O un traspié financiero, o una pérdida muy querida…  Todos tenemos algo que nos ha cambiado. Todos tenemos algo que nos hizo crecer y madurar, aun cuando haya sido a fuerza de golpes y de dolor… Muchas vidas conviven en una vida, y es la manera en la que nos confrontamos a estos cambios la que marcará el rumbo de un nuevo capítulo en nuestro diario caminar. Tal vez, la palabra inicial de este saludo sea un buen indicio para saber cuáles fueron las dos vidas de Sara: Si Sara vivió ciento veintisiete años y le restamos treinta y siete, tendremos noventa años. A los noventa años Sara dio a luz a su único hijo, nuestro patriarca Isaac. Una vida o dos vidas, según cómo se vea. Bien podríamos decir que fue una vida de ciento veintisiete años, o que fue una de noventa y otra de treinta y siete. Noventa años de sufrimiento y de oraciones por el hijo que la naturaleza le negaba, ya que era estéril y treinta y siete años de realización y plenitud por ese hijo que Dios le regaló. Cuenta una historia que un hombre caminaba por el bosque y se topó con un cementerio. Lápidas viejas y derruidas, que a duras penas dejaban leer las inscripciones o como mejor los conocemos, epitafios, en la piedra. Sin embargo, el hombre alcanzó a leer los nombres y la edad de los fallecidos y notó con sorpresa que la edad de aquellos que yacían allí no pasaba de los once años y lo más extraño era que el tiempo vivido estaba medido en años, meses, semanas y días. El hombre se sintió conmovido y pensando que se encontraba ante un cementerio de niños se acercó al pueblo vecino a preguntar qué extraño mal aquejaba a esa población que había arrasado con tantos niños. ‘No son niños’, le respondió un anciano del lugar. ‘Y aquí no hay ningún extraño mal que nos acose. Ocurre que desde hace generaciones conservamos una bella costumbre. Cada niño, al cumplir los quince años, recibe una pequeña libreta como esta que llevo colgada en mi cuello. Y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: A la izquierda qué fue lo disfrutado… A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su mujer y se enamoró de ella… ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?. ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Días? ¿Semanas? Así… vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos…cada instante de dicha. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido. Sara vivió ciento veintisiete años, de fe, coraje y pasión. Dos vidas en una. En su juventud con la experiencia de la adultez sobreponiéndose al dolor por el hijo que no llegaba, y en la adultez con el empuje de la juventud, criando un hijo cuando debería estar malcriando un nieto… Valga su ejemplo en esta semana en la que leemos sobre su muerte, (La de Sara), para inspirarnos en su fuerza frente a la adversidad y en su fuego para afrontar los cambios a los que nos somete la vida… : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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¡Hasta aquí llego yo!
Saludo Pastoral
4 de julio, 2020

¡Hasta aquí llego yo!

Es inevitable pensar que este encierro mundial, no haya afectado a la humanidad. Mientras avanzan los días son más evidentes los rigores que este confinamiento va dejando en la sociedad siglo XXI, pero es evidente también que a cada momento vamos recibiendo aprendizajes que nos permiten aprender una que otra lección y recibir una que otra enseñanza, sobre todo para nuestro crecimiento espiritual. Hace pocos días sucedió algo tan inédito que atrajo la atención de los habitantes de la ciudad de Medellín. Fue precisamente a las afueras de un prestigioso hotel, donde había largas filas de personas que no propiamente esperaban por un alojamiento como turistas de primera clase, sino de ex empleados del mismo sector hotelero que a causa de la pandemia habían perdido su empleo y en vez de servir, esperaban ser servidos y de esa manera recibir alguna ayuda que paliara, así fuera transitoriamente, sus múltiples necesidades, propias de una familia que padece los rigores de no tener ingresos económicos. Cuando los medios de comunicación ávidos por saber qué originaba aquella aglomeración de personas, prohibida además por circunstancias ampliamente conocidas , se enteraron de la verdadera razón por la que había multitud de personas, dieron la noticia; ocurrió algo que seguramente pasó inadvertido para muchos, pero que a mí, me llamó poderosamente la atención. Resulta que para el control y conservar el debido orden entre aquellos huéspedes de la calle, fue designado un hombre que marcador en mano iba dejando una señal en el antebrazo de cada uno de los allí expectantes “mendicantes”. Hasta ahí todo parecía normal. Pero el panorama cambia notablemente cuando de labios del hombre que marcaba a sus ex compañeros de labores sale la escalofriante expresión: ¡hasta aquí llego yo! dejando la señal de tinta en el último aspirante a la ayuda humanitaria y anunciando de esa manera que no solamente la puerta invisible de acceso a tan preciado regalo había cerrado, sino que el auxilio alimenticio se había agotado. Era conmovedor ver que de ahí para atrás, es decir afuera, quedaban todavía innumerables aspirantes necesitados, que después de una larga jornada de espera, se habían quedado con las manos vacías, así como con un corazón desesperanzado y sin una explicación que darle a sus familias del porqué llegaban nuevamente a casa con las manos sin provisión alguna, tal y como horas antes habían salido. Después de todo lo antes sucedido, medité en lo aterrador que será cuando La Puerta de ingreso al Reino de los Cielos cierre y muchos queden afuera sin abrigar la más remota oportunidad de tener una nueva oportunidad. Termino, haciéndote un llamado para que decidas ahora, que aun tienes la bella oportunidad de resolver, y escojas entre el Sello del Espíritu Santo gozando de antemano del beneficio y privilegio que el Señor Jesús te brinda de ser parte de Su Propósito Eterno; o de la marca del anticristo que te dejará por fuera en muchas tinieblas y claro, lejos, muy lejos de La Presencia del Todopoderoso Dios. El reino de los cielos será entonces como diez jóvenes solteras que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes. Las insensatas llevaron sus lámparas, pero no se abastecieron de aceite. En cambio, las prudentes llevaron vasijas de aceite junto con sus lámparas. Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: “¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” Entonces todas las jóvenes se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando.” “No —respondieron éstas—, porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas.” Pero mientras iban a comprar el aceite llegó el novio, y las jóvenes que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Y se cerró la puerta. Después llegaron también las otras. “¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!” “¡No, no las conozco!”, respondió él. Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora. Mateo 25:1-13 : Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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