Conversando con mi hijo Nicolás, quien junto a Mariana mi nuera han traído a este mundo a mi preciosa nieta Victoria, tuve la osadía de preguntarle cómo había sido ese proceso desde el inicio del embarazo, hasta el alumbramiento. La respuesta no se hizo esperar, y aunque él expresó permanentemente un sentimiento de alegría y mucha satisfacción, no dejó de reconocer que sufrieron mientras transcurrían los días hasta el momento en el que Mariana dio a Luz. Confieso que la situación fue la misma que vivimos los cuatro abuelos de la niña y demás familiares.

Toda esta situación inédita para nosotros, ya que es la primera hija y por ende la primera nieta, me llevó a pensar y a cuestionarme frente al  proceso que como iglesia debemos llevar y sufrir para llevar a otros a nacer en Cristo Jesús.

Seguramente todos anhelamos que la familia de Dios que es la iglesia, crezca en número, pero a su vez nos quedamos mirando si alguien hace el trabajo que nosotros debemos hacer, evangelizar.

Evangelizar o sembrar la Eterna Palabra de Dios, según la misma, requiere de sufrimiento que se deriva en alegría.

En el que he considerado – es mi opinión personal – el primer versículo evangelístico de la Biblia que es Isaías 52:7, nos dice allí la Palabra de Dios:

¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sion: «Tu Dios reina»! Isaías 52:7 

Qué nos habla el texto Sagrado: que el evangelista debe hacer este trabajo paso a paso; que debe hacerlo mostrando el Evangelio como es, “Buenas Noticias” que traen Paz y Salvación. Aunque allí no se dice de sufrimiento, lo que sí puedo observar es que para llevar a cabo la labor evangelística tal como nos lo describe el texto de Isaías se requiere de esfuerzo, sacrificio y dedicación; la anterior apreciación la sustento en el siguiente versículo bíblico:

El que con lágrimas siembra, con regocijo cosecha. El que llorando esparce la semilla, cantando recoge sus gavillas. salmo 126:5-6

Mi pregunta es: ¿Será que el evangelismo está estancado, porque casi ninguno quiere sufrir, sacrificar o pagar un precio?

Resulta que para que alguien nazca, alguien tiene que sufrir. Una de las múltiples razones por las cuales muchas personas no están “naciendo” en nuestros días, es porque son escasas las personas dispuestas a sufrir.

No podemos pretender entonces ver que muchos nazcan, cuando no hay disposición como dijo el apóstol Pablo, a sufrir dolores de parto.

Hoy en la familia de Victoria (Papás, abuelos, tíos, etc),  estamos muy alegres de verla cada día crecer, y disfrutamos cada gesto con el que nos “saluda” cada mañana.  Diariamente ella nos produce una alegría indescriptible, misma alegría que debe disfrutar la iglesia, cada vez que ganamos uno más para Cristo Jesús y lo acompañamos en su nuevo caminar.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.
Pastor
  

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