en una obligación.

En vez de dar realce a la autonomía y el respeto a uno mismo, el enfoque de los defensores del suicidio y de la filosofía de “morir dignamente” logra precisamente lo opuesto: en última instancia, degradan la integridad del individuo y el significado de su existencia.

Era apenas un niño de diez años y cursaba mi tercer grado de primaria cuando al maestro Pascual González se le ocurrió la “genial” idea de romperle la falsa creencia a la mayoría del grupo o que así lo creía porque era la enseñanza que habían recibido en casa

Lo que por todos es bien sabido, en menos de una semana, dos personas recibieron en Colombia (Cali y Medellín), “la muerte con dignidad” a causa de padecimientos y deterioro en su salud.

Te has puesto a pensar si de pronto este año que termina, empezara a hacerte reclamos tales como:

¿Por qué no madrugaste más a orar?

¿Cuántas veces dejaste de leer la Biblia?

Estos días, las mañanas empiezan para mí antes del amanecer, cuando un hombre habitante de calle que duerme en la acera del frente al apartamento donde vivo y con una tos demasiado sonora me despierta, y es como si quisiera decir, si yo no duermo nadie duerme. Puedo darme vuelta e intentar volverme a dormir, pero sus toses insistentes hacen imposible que pueda relajarme.

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