La Desaceleración

Desacelerar es algo así como perder el impulso.

Hace aproximadamente unos 15 años, adquirimos con nuestros ahorros familiares un vehículo usado de unas buenas características, es más, parecía muy económico por el bajo

consumo de combustible, ya que, el indicador del mismo se mantenía en un solo punto, lo que nos animó a hacer una salida con un grupo de hermanos de la congregación, quienes en sus respectivos vehículos conformaron junto a nosotros un bonito grupo para disfrutar la tarde de domingo. En medio de la alegría que nos producía como familia “estrenar” vehículo, no dejaba de inquietarme el “bajo consumo” de combustible de nuestra adquisición. Fuimos al destino escogido, pero cuando nos aproximábamos de nuevo a casa, y mientras cruzábamos un túnel vial, algo extraño pasó, el vehículo de nuestra alegría se fue desacelerando, perdió el impulso y pronto quedamos en la tenebrosa oscuridad del túnel, sin saber inicialmente qué había pasado. La alegría inmediatamente se transformó en miedo e incertidumbre; la pregunta de rigor fue: ¿Qué pasó? Simplemente pasó, que mientras el indicador de combustible permanecía en el mimo punto indicando que teníamos medio tanque de gasolina, la realidad era otra: Nos habíamos quedado sin el líquido que daba vida al motor, por lo tanto, la escena en la que nos encontrábamos no era nada envidiable, sobre todo cuando por los sistemas internos de comunicación nos indicaba una persona, que por favor no nos apeáramos del vehículo ya que, era peligroso por el alto flujo vehicular. Mi papel frente al pánico familiar, fue tomar las cosas con tranquilidad y simultáneamente darle palabras de ánimo a mi familia, entretanto llegaba un vehículo grúa que nos sacara de aquella aterradora pesadilla.

No dejo de pensar por estos días de alerta mundial, que pasa algo similar con la verdadera iglesia del Señor Jesús, la cual está sufriendo una evidente desaceleración sin darse por enterada que estamos atravesando ya no un túnel vial , sino el valle de la sombra de oscuridad y de muerte y que hace más de tres mil años el Jefe de esta familia, el Señor Jesús, inspiró al rey David para que escribiera en el salmo 23 que no nos desaceleráramos, al contrario, que tomáramos nuevas fuerzas, nuevo combustible, y que no perdiéramos el ánimo, ya que estábamos muy cerca de la salida de esta terrible oscuridad, donde con los brazos abiertos nos espera nuestro Dios y Rey, y de esa manera a través del Arrebatamiento sacarnos de este mundo inviable, y llevarnos a morar a las viviendas eternas qué Él mismo ha preparado. Actitud similar fue la que asumieron algunos seguidores del Señor Jesús, que como el apóstol Juan, no dejaron de escribir palabras de ánimo como las siguientes:

En cuanto a nuestro viaje de estreno, algunos de los hermanos que nos acompañaban, extrañaron el no volvernos a ver en la caravana y supusieron que algo raro había pasado, se comunicaron con nosotros, nos esperaron a la salida del túnel y con ellos una buena porción de gasolina, para que termináramos nuestro viaje.

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