En 2020 ¡APRENDIMOS!

  • A depender del Señor y a no dedicarnos tanto a pedirle.
  • A ser pacientes y darle un poco de forma a nuestro carácter.
  • A entender al otro, poniéndonos en sus zapatos.
  • A compartir y no esperar a que siempre nos estén dando.
  • A escuchar y no a pasarnos todo el tiempo atropellando las ideas del otro.
  • A apreciar lo que antes era común a nuestros ojos y por lo tanto ignorábamos.
  • A valorar lo que antes subestimamos.
  • A corregirnos y dejar que nos corrigieran.
  • A soportar y que nos soportaran.
  • A respetar y no a ganarnos el respeto a base de la temeridad.
  • Aprendimos a ser AGRADECIDOS.

Dejo de mencionar otras cosas seguramente más valiosas y seas  tú  quien continúe esta lista, la cual debe quedar en nuestra memoria para el resto de nuestras vidas. Si llegamos a olvidarnos de todo esto, seguramente nos tocará volver a emprender el camino del aprendizaje, el cual seguramente, como año que se repite, demandará mayor esfuerzo y quién sabe si para ese momento nuestras fuerzas serán las mismas.

Mientras deseo para ti y los tuyos un 2021 lleno de La Presencia del Señor Jesús, de Su Paz y de Sus Bendiciones, te invito para que hagas la siguiente oración; entretanto, en tus propias palabras le das gracias al Señor por todo. ¡Bendigamos al Señor!

 

Entonces David bendijo así al Señor en presencia de toda la asamblea: «¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre! Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo. De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas. »Pero, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido. Ante ti, somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son sólo una sombra sin esperanza. Señor y Dios nuestro, de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tu santo nombre. ¡Todo es tuyo! Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con rectitud de corazón te he ofrecido voluntariamente todas estas cosas, y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas. Señor, Dios de nuestros antepasados Abraham, Isaac e Israel, conserva por siempre estos pensamientos en el corazón de tu pueblo, y dirige su corazón hacia ti. Dale también a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que obedezca y ponga en práctica tus mandamientos, preceptos y leyes. Permítele construir el templo para el cual he hecho esta provisión.» Luego David animó a toda la asamblea: «¡Alaben al Señor su Dios!» Entonces toda la asamblea alabó al Señor, Dios de sus antepasados, y se inclinó ante el Señor 1Crónicas 29:10-20

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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