¡Enfermedades y sufrimientos!

Son muchas veces que he oído la pregunta: ¿Por qué permite Dios el sufrimiento?

Una creencia común pero errada que tiene mucha gente frente a la enfermedad es que, esta es invariablemente un castigo de Dios por causa del pecado.

Yendo más allá, te cuento que cuando el Señor Jesús ejerció su ministerio acá en la tierra, los rabinos, quienes eran la autoridad espiritual del pueblo de Israel, hacían afirmaciones tales como que: “Las cosas malas les suceden a las personas malas”. Lastimosamente muchos pastores piensan de igual manera hoy en día. Ese enfoque equivocado del pecado y del fracaso humano llevaba a las personas a creer que incluso un niño en pleno desarrollo podía despertar de alguna manera la ira de Dios. ¡Que horror! Es más, el mismo Señor Jesús, refutó vehementemente ese error.

No podemos ocultar eso sí, que en este mundo caído y pecaminoso a veces suceden cosas malas sin ninguna razón aparente. Hay ocasiones en las que suceden simplemente porque nos vemos atrapados en las dificultades y azotes que como el coronavirus surgen en él.

Algo más, la enfermedad y la malformación humana, lejos de ser el resultado de algún juego o burla de Dios para con la humanidad, y más lejos aún, pensar que Dios se ríe de nuestro dolor, es absurdo siquiera pensarlo; es mas bien, reitero, el resultado de la caída condición humana, pero que nuestro Creador y, Su Plan Soberano, echa mano de ellos como un medio a través del cual, Él puede mostrar Su Grandeza, Su Amor y Su Compasión en las vidas de las personas. Veamos la siguiente historia donde queda evidente la virtud compasiva del Señor Jesús:

A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. Juan 9:1-3

 

En conclusión: Cada vez que te veas enfrentando un sufrimiento, enfermedad o calamidad, permite que el Espíritu de Dios la hable a tu conciencia para que puedas identificar si es un castigo amoroso de Dios a causa de un pecado o es un regalo grandioso que Él te da al dejarte probar Su Poder y Su Gloria sobre ti.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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