¡Papá reconocido! II parte

¿Qué significa entonces honrar a los padres?

Honrar a los Padres, esto es lo que todo hijo debe saber sobre... honrar y respetar a los padres

Honrar a los padres es uno de los mandamientos más selectos que aparece en el decálogo.

Dios el Señor nos dice: «Honra a tu padre y a tu madre», y también establece: «Honra a tu Dios», ¡lo que implica que los padres están a la par con el honor a Dios!

Es el quinto mandamiento y está colocado entre los cinco que rigen la relación del hombre con Dios y es el único que promete larga vida, si se cumple.

Por más que respetemos a nuestros padres, nunca podremos retribuirles el hecho de darnos vida al traernos a este mundo.

Sin embargo, la verdadera razón por la que los respetamos es porque es un mandamiento dado por el Señor mismo, y eso es suficiente. En realidad, se trata de dos preceptos: honor y respeto. ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

Honrarlos incluye:

Ponerse de pie cuando los padres entren. Permanecer así hasta que se sienten, se ausenten o digan que te sientes.

»Ponte de pie en presencia de los mayores. »Respeta a los ancianos. »Teme a tu Dios. Yo soy el SEÑOR. Levítico 19:32

 

Proporcionarles alimentos, vestimenta y transporte, si los padres no pueden auto - proveérselos. De hecho, los padres se sienten mejor cuando pueden mantenerse por sí mismos. No evadamos el honrar a nuestros padres como lo denuncia el Señor Jesús en la siguiente Escritura:

Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte.” Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decir a su padre o a su madre: “Cualquier ayuda que pudiera darte ya la he dedicado como ofrenda a Dios.” En ese caso, el tal hijo no tiene que honrar a su padre. Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios. Mateo 15:4-6

 

Respetarlos significa: Tener detalles tan sencillos como:

  •  Si tu padre o madre tiene un lugar especial para sentarse, no lo ocupes.
  • No contradigas a tus padres en su cara. Siempre hay una manera discreta de hacerlo. Cuando no estén presentes, puedes expresar una opinión contraria a la de ellos; pero, de una manera respetuosa.
  • Algunas expresiones como «¡creo que tienes razón, papá!», pudieran ser irrespetuosas. Los padres no requieren de la aprobación de sus hijos. (ciertas veces)
  • A menos que te pidan su nombre, no los llames ni te refieras a ellos por su nombre propio, incluso una vez fallecidos.

 

Casos particulares

  • Los padres psicológicamente inestables, deben ser respetados. Es recomendable complacerle sus caprichos. Si se hace demasiado difícil atenderlos, hay que contratar la ayuda adecuada.
  • La obligación incluye honrar y respetar de la misma manera a los padrastros, suegros, abuelos y hermanos mayores.
  • Si el padre o la madre están dormidos no se les debe despertar salvo para el desempeño de cualquier acción urgente que así lo requiera, o el deber espiritual, como ir a la iglesia (que pudiese descuidar), ya que todos estamos obligados a honrar Dios.
  • Uno debe honrar a sus padres, aun después de su muerte. Cuando los padres se nombran después de su desaparición habría que añadir expresiones algo así como: «que su memoria sea una bendición».
  • Sin embargo, al padre se le prohíbe imponer un yugo demasiado pesado a los hijos, ni ser muy exigentes con respecto a su honor (No abusar de autoridad aprovechando su dignidad). Deben perdonar y cerrar un ojo o hacerse los de la vista gorda al momento de pasar por alto algún comportamiento menor de sus hijos.
  • Ahora bien, es muy posible que casi sin percibirlo estemos entrando al terreno sensible y delicado, en el que la forma de relación que muchos tienen con su papá terrenal, lo estén trasladando a su comunión precaria o ninguna con el Padre Celestial. Y ahí nos encontramos con algo muy común y casi imperceptible por algunos y terminan por llevar una relación fría, disfrazada o ninguna con el Dios que los creó.

El llamado hoy es a que apliquemos correctivos y empecemos a generar un cambio genuino en nuestra comunión con Dios y por supuesto con nuestros padres.

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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