¿Amigo o Papá?

Quiero decirte que al momento de escribir estas líneas soy papá de dos hijos Nicolás y Claudia y abuelo de bebé del cual no sé todavía si es varoncito o mujercita,

dado que el tiempo de gestación de mi nuera Mariana aun no es el suficiente para que los profesionales lo determinen.

Francamente no creo que pertenezca a la “vieja” guardia ni a la “nueva”, sino a la “actual”. Cada uno tiene que vivir y ejercer el rol en las circunstancias que le tocan, con el entendimiento que tiene y siempre una buena disposición a aprender. Así como cada uno de mis hijos es diferente y como no hay fórmulas únicas de crianza, cada situación y cada contexto resultan también diferentes. De modo que nosotros los papás debemos ser inteligentes y discernir los tiempos tan interesantes que nos han tocado vivir.

Algo que descubrí ahora que soy un hombre mayor es que mis hijos no son míos. Ya imagino la cara y el gesto de sorpresa que mi esposa Marlen va hacer cuando inicialmente no discierna que lo que estoy es haciendo una broma usando el doble sentido, ya que no pongo en duda la fidelidad de ella ni tampoco estoy hablando como lo hace el mundo. Francamente lo que quiero decir es que mis hijos sí son míos, pero voluntariamente he decidido aceptar que me fueron dados por el Señor Todopoderoso a fin de criarlos y educarlos, como efectivamente lo hice. Cuando descubrí esta verdad acerca de esa riqueza que Dios entregó a mi cuidado, entonces asumí una mayor responsabilidad.

Ese capital o esa riqueza la describen Las Sagradas Escrituras así:

 

Los hijos son Herencia y simultáneamente una recompensa:

Psa 127:3 Los hijos son una herencia del SEÑOR, los frutos del vientre son una recompensa.

 

Los hijos son armas que producen dicha:

Psa 127:4 Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.

Psa 127:5ª Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas.

 

Los hijos son una bendición: 

1Ch 26:5 Amiel, el sexto; Isacar, el séptimo, y el octavo, Peultay. Dios bendijo a Obed Edom con muchos hijos.

 

Sobre estas verdades puedo decir que me ayuda mucho a descansar el saber que mis hijos son en realidad un regalo de Dios. Nadie está más interesado que Él en que yo haya llevado a cabo una buena tarea de formación, me ha ayudado siempre oportunamente y tan pronto como se lo he pedido.

Reconozco que al principio cuando apenas daba mis primeros pasos como papá creí que el orden correcto era primero ser amigo y luego papá, pero algo que aprendí y lo tengo muy claro es que no debo renunciar a ser padre con el afán de ser amigo. ¿Por qué? Porque el concepto de la amistad no riñe con la paternidad; pero ésta última, aunque incluye rasgos de amistad, es y debe ser más responsable.

Es que no nos digamos mentiras, un amigo no es responsable por el comportamiento de otro amigo; un padre sí es responsable por las actitudes de sus hijos.

Si usted es padre de familia y cree que es más importante ser amigo que papá, déjeme decirle: “ No se queje de lo que usted permite”. Y créame que me ha tocado vivir de cerca este “modelo” de crianza y las tensiones entre los “amigos” son frecuentes y dan como resultado relaciones rotas entre padres e hijos quienes terminan por no querer ser ni siquiera amigos

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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