¡Creados a su Imagen...!

Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, Genesis 1:27

En ocasiones me toca como pastor tomar uno que otro ejemplo de alguien para ilustrar alguna predicación, pero siempre tengo muy claro que como líder no debo poner en escarnio a nadie porque, a decir verdad, un verdadero líder puede hacer reír a sus liderados, sin necesidad de ridiculizar la dignidad de nadie, mucho menos entrar a hacer juicios ligeros.
Corría el año 1967, para ese momento mi edad llegaba a los nueve años y cursaba mi tercer año de primaria. Cualquier día, mi profesor Pascual González propuso un concurso obligatorio de pintura en el que participaríamos todos. Confieso que no soy bueno para la pintura, y pensé: “Voy a participar” pero buscaré la ayuda de una de mis hermanas mayores y lograré no exponerme a la burla. Mi sorpresa fue mayúscula ya que, mientras pensaba, pude oír simultáneamente la voz del profesor diciéndonos que una de las reglas del concurso era la de no aceptar colaboración de nadie. Entré entonces en pánico, pero la suerte estaba echada y no desistí en concursar. Terminada “mi pintura” un “maravilloso y colorido paisaje” pude detectar rápidamente que había un jurado demasiado “competente”, me refiero a mis compañeros de grupo, que entre burlas y señalamientos desaprobaron con todo rigor mi estupenda obra de arte. Francamente, sentí rabia y me sentí burlado también.
Hoy después de tantos años no dejo de recordar aquel momento, ya no con resentimiento sino para darme cuenta de cuántas veces al burlarnos o juzgar al prójimo estamos ofendiendo y a la vez burlándonos y juzgando al Creador. ¿Por qué? Porque en vista que cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios, también merece respeto. No se le debe asesinar ni maldecir, es más, ni siquiera debe ser objeto de burla. Quien se burla de la creación, ofende a su Creador. Fue así como empecé a entender el mandamiento del Señor que nos ordena “Amar al prójimo”.

Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el SEÑOR. Lev 19:18b

Veamos algunas aplicaciones prácticas de este precepto.
Juzgar al prójimo: Es muy común juzgar la conducta de los demás. Juzgamos motivos, juzgamos decisiones, juzgamos intenciones.
¿Qué dicen Las Sagradas Escrituras al respecto?


No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. Levítico 19:17

Si ves que alguien está haciendo algo que te parece está mal, tienes el deber de decírselo y no guardártelo en tu corazón. La razón es muy simple. Puede ser que tengas razón y la otra persona no está consciente de lo que está haciendo. Al decirle, le estarás dando la oportunidad de recapacitar. Puede ser que lo que te parece mal en realidad no está mal. Al decirle al otro lo que te parece le darás la oportunidad de vindicarse y no tendrás más motivo para «odiarlo en tu corazón».
¿Cuántas veces sucede que uno está «seguro» de lo que otro hizo cuando en realidad no fue así? Cuántos conflictos se evitarían con el simple hecho de acercarse a la persona «ofensora» y aclarar las cosas. Claro, no es siempre fácil exponerse al juicio del otro. Es más fácil guardar rencores que demostrarle al otro las debilidades de uno mismo.
Si veo a alguien haciendo algo mal ¿es bueno no decirle nada al respecto para «no meterme en su vida»? ¿Qué hay detrás de esta actitud, respeto o indiferencia?
Creo que es un deber moral advertirle al otro cuando ves que está haciendo algo aparentemente indebido y no quedarte cómodo e indiferente. Hay que cuidarse de refunfuñar de una manera que no agreda la dignidad del destinatario del reproche. Una de las cosas interesantes relacionadas con el tema de juzgar a los demás es que muy a menudo la manera de juzgar a otro es simplemente un reflejo de nuestros propios defectos personales «proyectados» en el otro.
Debemos siempre pensar que todo lo que uno ve o escucha contiene una enseñanza para uno. Hay dos tipos de enseñanzas que uno puede deducir al ver un defecto en otro: El primero es que me mostraron el defecto del otro porque puedo ayudarlo a superarlo; el segundo es que me mostraron el defecto en otro para que me dé cuenta de que yo también tengo el mismo defecto. ¿Cómo sabe uno si el defecto que le hicieron ver en otro es para que lo ayude o para que se sensibilice de su propia situación?
Una explicación es que depende de cómo lo ve. Si juzga y descalifica a la otra persona por su defecto, lo más probable es que tiene el mismo defecto. Si no lo juzga y simplemente le tiene compasión por su situación y piensa cómo ayudarlo, lo más probable es que le mostraron el defecto porque lo puede ayudar. Recuerde: cuando apunta con el dedo a otro, tiene tres dedos apuntando a usted mismo.


No debemos entonces, juzgar la obra de nadie, mucho menos si uno no tiene la aptitud para hacer aquello que el otro con amor, esmero, honradez y sacrificio está haciendo.
Lo cierto es que, a pesar de las burlas, señalamientos y equivocaciones, al final aunque no gané como era de esperarse, me sentí orgulloso de haber participado en el concurso de pintura con un alto nivel de transparencia y honestidad.

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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