Dependientes

Por estos días en los que, por razones ampliamente conocidas, nos hemos visto obligados a vivir un aislamiento que, aunque lo llaman social, también incluye y afecta lo familiar.

Observando los planes de Dios, puedo ver que, en cuanto al ciclo de vida, Él ha hecho algo tan maravilloso y es precisamente esa manera de que todos tengamos personas que nos cuiden en los momentos difíciles algunos, críticos otros, de nuestra existencia.

Fíjate que cuando éramos unos bebés, edad en la cual los seres humanos somos más proclives a cualquier tipo de peligros, y en la que más nos vemos expuestos a causa de nuestra evidente indefensión, nuestros padres nos cuidaron hasta que crecimos lo suficiente para valernos por nosotros mismos. Sin exaltar mi ego, ni mucho menos, debo decir que mis padres fueron objetivos importantes para mí, en cuanto los cuidados dados un anciano para hacerles más llevadera y digna su vida. Un día me di cuenta que ellos habían llegado de acuerdo al ciclo de vida, a ser personas dependientes, razón suficiente para brindarles todo tipo de protección hasta que pasaron a la eternidad.

Quiero pedirte un favor, si tienes a tus padres vivos, o a alguno de ellos, míralos que ya han envejecido y se vuelven más frágiles, por lo tanto, como hijo puedes ahora retribuirles el favor cuidando de ellos. Aunque no dejo de reconocer que algunos viejitos se vuelven difíciles y no aceptan ayuda alguna, no por eso debes dejarlos solos.

No hay excusas por lo tanto, como para desentenderse de ellos tal como lo hacían los fariseos en los tiempos del Señor Jesús, ¡Y hoy día también!

En nuestro caso, quiero exaltar el minucioso cuidado que nos han brindado a mi esposa y a mí, nuestros hijos Nicolás y Claudia. ¡Doy una fuerte Alabanza a Dios, por sus vidas!

No olvidemos que honrar a nuestros padres es una responsabilidad ordenada por Dios. Como cristianos, no tenemos más opción que tomar este asunto en serio y hacer nuestro mayor esfuerzo por brindarles un buen cuidado a los “nuevos” dependientes.

Cierro con los siguientes textos:

Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte.” Mateo 15:4

Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagará en la más densa oscuridad. Proverbios 20:20

Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa— para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.» Efesios 6:2-3

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

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