Un antes y un después

He compartido una frase en redes sociales que reza así: “No hay razón para desgastarse porque en Dios hay más futuro que pasado” ¿Por qué?

Porque evidentemente todos nosotros cuando fuimos hallados por el Señor, estábamos llevando una vida tan llena de vacíos y de pecado, que por momentos se nos olvida lo que Dios el Señor hizo en nosotros y procedemos casi siempre pensando en lo que éramos y no en lo que llegaremos a ser. Es decir, todos tuvimos un pasado del cual nuestro Dios no quiere ni acordarse, pero simultáneamente, Él quiere que nos proyectemos hacia el futuro que Él mismo nos asegura. Observa la siguiente Escritura:

¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. Miqueas 7:18

Todo lo anterior lo escribo como punto de partida para tomar como ejemplo a un hombre como el apóstol Pedro, y que como él seguramente cada uno de nosotros tenemos nuestro antes, también nuestro después; no en vano cuando una persona me dice que quiere iniciar a leer La Biblia y me pide que le sugiera qué libro empezar a estudiar, le hablo de dos libros de manera particular: En el Antiguo Testamento, el libro de Proverbios y en el Nuevo Testamento, Las epístolas de Pedro.

Usted me preguntará por qué. Bueno, el Libro de Proverbios porque su contenido es esencialmente una fuente de sabiduría y en cuanto a las cartas del apóstol Pedro porque la vida de este apóstol nos presenta un impresionante cuadro de lo que es la vida cristiana.

Si tú observas su peregrinar en la fe, te das cuenta que su vida sufrió muchos altibajos, tropiezos, desalientos y dificultades que tuvo que superar. Entre todos los discípulos ninguno sobresale más que Pedro. Él se destaca en cualquier situación o escena en que se encuentra, sea que esté dando órdenes en un barco que se hunde cargado de pescados, o empuñando una espada a la luz de las antorchas en el huerto cuando el “peligro” y la “amenaza” acechan. Sin embargo, me alegra que Pedro haya madurado hasta llegar a convertirse en un guía espiritual fiel lo cual nos debe animar para seguir cuidadosamente bien sus consejos descritos especialmente, en su Primera Carta, en la cual nos da dirección para recorrer el abrupto sendero de la vida cristiana. Aprendamos de los mejores y los peores momentos de la vida de este impetuoso apóstol que le permitieron encontrar una nueva esperanza más allá del fracaso.

Pedro por ejemplo tuvo un momento inigualable, yo lo llamaría, el Mejor Momento de su vida. Veamos:

Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Le respondieron: —Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas. —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro. —Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás —le dijo Jesús—, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.

Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Mateo 16:13- 19

Pedro fue tan valeroso como para hacerle al Señor Jesús las preguntas más difíciles, pero también fue tan intrépido como para contestar las preguntas tan penetrantes que a menudo el Señor Jesús planteaba a los discípulos. También debo destacar que Pedro tuvo su peor momento, el cual nos describe el médico Lucas a continuación: (aclaro que voy a tomar algunos versículos de las siguiente Escritura):

»Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos. —Señor —respondió Pedro—, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte. —Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces. Lucas 22:31-34

Prendieron entonces a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía de lejos. Pero luego, cuando encendieron una fogata en medio del patio y se sentaron alrededor, Pedro se les unió. Una criada lo vio allí sentado a la lumbre, lo miró detenidamente y dijo: —Éste estaba con él. Pero él lo negó. —Muchacha, yo no lo conozco. Poco después lo vio otro y afirmó: —Tú también eres uno de ellos. —¡No, hombre, no lo soy! —contestó Pedro. Como una hora más tarde, otro lo acusó: —Seguro que éste estaba con él; miren que es galileo. —¡Hombre, no sé de qué estás hablando! —replicó Pedro. En el mismo momento en que dijo eso, cantó el gallo. El Señor se volvió y miró directamente a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: «Hoy mismo, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.» Y saliendo de allí, lloró amargamente. Lucas 22:54-62

A Jesús no le quedaba mucho tiempo de vida. El jefe de los sacerdotes y los escribas que buscaban deshacerse de Él finalmente habían encontrado la forma con la ayuda de Judas Iscariote. Sin embargo, esa misma noche también llegaría el peor momento para Pedro. Pero días después es el mismo apóstol quien de manera elocuente presenta al Señor Jesús ante el pueblo Israelita en un discurso magistral e inolvidable. Puedes leer Hechos capítulo 2.

Creo pues, que aunque Pedro tuvo su pasado, al pasar por La Cruz de Cristo Jesús, pudo probar, como lo puedes hacer tú hoy, que tu futuro es de lejos, mucho más valioso e incomparable, pero en Jesús el Señor.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

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