Recientemente tuve la oportunidad de ver una crónica en televisión en la cual entrevistaban a una mujer afrodescendiente que había trabajado durante varios años como servicio doméstico y de manera abierta, narraba los vejámenes a los que era sometida por su “patrona”.

Todavía tengo muy claros los recuerdos en los que para una persona emplearse, bastaba que presentara su documento de identidad y una referencia personal, y listo, quedas contratado. 

Debo confesarte que por muchos años no fue fácil para mí identificarlo, y por lo tanto atreverme a afirmar quién verdaderamente es Él. Solamente y después de muchas y fuertes luchas conmigo mismo, me di cuenta de que Él es el eje de mis raíces judías.

Ese término Reino de Dios ha sido motivo de controversias y malas interpretaciones, y aunque no es mi propósito ser concluyente sobre este tema mientras escribo estas líneas, sí es mi anhelo hacer algunas precisiones que te serán muy útiles como lo han sido para mí.

“No hay plazo que no se venza , ni deuda que no se pague.” Así reza el muy conocido refrán popular aludiendo a que todo tiene su debido tempo en esta vida. Al pensar en el plan de Salvación que Dios trazó desde tiempos inmemoriales,

Seamos sinceros. A veces tanta información que recibimos de Dios lo que ha logrado es que nos llenemos de eso, información, pero corremos el grave riesgo de no saber quién es el Señor, mucho menos que sepamos Su Nombre.

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