¡Vivan las Vacaciones!

A propósito de las vacaciones escolares que por estos días están iniciando, no puedo evitar recordar los tiempos en los que adelantaba mis estudios. 

Si era el principio del año, este era muy especialmente significativo, entre otras cosas porque veía de nuevo a mis compañeros los cuales volvían a compactar el grupo al haber logrado todos pasar al siguiente grado. También ese olor característico de los cuadernos nuevos, el sacapuntas, el borrador, y demás elementos escolares, es que ¡nuevo es nuevo!


Recuerdo también que transcurrido el año se acercaban las vacaciones de fin de año. Anhelaba salir a vacaciones y me dedicaba a otro tipo de menesteres a pesar de mi corta edad. Era el momento en el que parecía que el tiempo se detenía mientras aguardaba que sonara la campana que indicaba que había llegado el momento de vacaciones. Ese corto lapso de tiempo que tenía que esperar para salir, en ocasiones se me hacía más largo que aún el mismo año que terminaba. Me sentía como prisionero en mi aula de clases. Pero sonaba la campana y ¡afuera!, a disfrutar de una "libertad condicional".


Esos primeros minutos eran manifestaciones de una libertad eufórica cuando salía corriendo por las polvorientas calles de mi pequeño pueblo. Me embargaba el entusiasmo por la "nueva vida" que me aguardaba.


Con el respeto por quien lee estas líneas voy a hacer un cambio abrupto y hago una analogía de la libertad que producían mis vacaciones con la libertad que produce la sanidad de Dios. Cuando Él te libera de una enfermedad, o de las heridas de una lucha personal, te da una vida nueva. El Señor Jesús abre todo un mundo de libertad para ti. Así que si has recibido la sanidad de parte de Dios, disfrutarla es lo que debes hacer como yo disfrutaba de mi libertad escolar.
¡Celebra la sanidad que Dios ha hecho en ti!

P.D
Aprovecho para saludar a todos aquellos maestros que me enseñaron principios, me toleraron mis actos de indisciplina y fueron pacientes para hacer de mí una persona que aunque lleno de errores aprendió a ser feliz con el conocimiento que me impartieron. ¡Dios bendiga a mis maestros!

Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados. Malaquías 4:2 NVI

 

Rvdo. NICOLÁS OCAMPO J. - Pastor

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