Basta sólo un parpadeo y pierdes

Hay una actividad de grupo que se practica con regularidad, -francamente no sé cómo se llama- que consiste en colocar unas sillas de número determinado,

eso sí es menos una silla al equivalente de número de integrantes del grupo. Allí bajo la tutoría de un animador se empieza a dar giros alrededor de quienes participan, y de un momento para otro el animador da una señal a la cual todos deben ocupar su correspondiente silla, pero como falta una, se da por descontado que una persona va a quedar fuera de concurso y es sometido a pagar una pena. ¿Sabes por qué le ocurrió tal cosa? Porque parpadeó en el momento menos indicado.


La mayoría de nosotros visualizamos la vida como una competencia. Ya sea que estemos luchando por un ascenso laboral, a veces intentamos adelantarnos en la vía haciendo barbaridades poniendo en riesgo nuestra vida y la de los demás, nos colamos en la fila sin mostrar el más mínimo escrúpulo, en fin, queremos hacer todo en la vida compitiendo, más no siendo competentes y leales, nos la damos de "vivos" tratando de alcanzar la cima a como dé lugar, o como dice el adagio popular: “El vivo vive del bobo”. Es ahí donde aparecen los conflictos que terminan siendo algo explosivo contra nosotros mismos. Todo lo miramos como una competición: "El primero en parpadear pierde".

Dios ve la vida de manera diferente. Él entiende que no en todo conflicto debe haber un ganador y un perdedor. Él tiene cuidado de nuestras actitudes hacia los demás. Así que, aunque "perdamos" un conflicto, en realidad ganamos si podemos restaurar la paz con otra persona.


Abram salió de Egipto con su esposa, con Lot y con todos sus bienes, en dirección a la región del Néguev. Abram se había hecho muy rico en ganado, plata y oro. Desde el Néguev, Abram regresó por etapas hasta Betel, es decir, hasta el lugar donde había acampado al principio, entre Betel y Hai. En ese lugar había erigido antes un altar, y allí invocó Abram el nombre del SEÑOR. También Lot, que iba acompañando a Abram, tenía rebaños, ganado y tiendas de campaña. La región donde estaban no daba abasto para mantener a los dos, porque tenían demasiado como para vivir juntos. Por eso comenzaron las fricciones entre los pastores de los rebaños de Abram y los que cuidaban los ganados de Lot. Además, los cananeos y los ferezeos también habitaban allí en aquel tiempo. Así que Abram le dijo a Lot: «No debe haber pleitos entre nosotros, ni entre nuestros pastores, porque somos parientes. Allí tienes toda la tierra a tu disposición. Por favor, aléjate de mí. Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha, y si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda.» Gen 13:1-9

Rvdo. NICOLÁS OCAMPO J. - Pastor

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