Los gobernadores no supieron a dónde fui ni qué hice, porque hasta entonces no había dicho nada a ningún judío: ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los gobernadores ni a los que estaban trabajando en la obra. Por eso les dije: —Ustedes son testigos de nuestra desgracia. Jerusalén está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anímense! ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén para que ya nadie se burle de nosotros! Entonces les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado conmigo y les relaté lo que el rey me había dicho. Al oír esto, exclamaron: —¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra. Nehemías 2:16-18

 

Corría el año 1970, cuando apenas cursaba mi primer año de bachillerato o como lo denominan hoy, grado sexto.

Para ese momento el lugar donde llegábamos después de terminar la escuela primaria, acusaba graves deterioros en su estructura física y era necesario levantar un nuevo establecimiento. Esto era algo difícil porque en un pueblo pequeño como mi tierra natal, eran escasos los terrenos para levantar una obra de dicha “magnitud”. Solo había uno y era allí donde ni siquiera había vías de acceso que favorecieran el ingreso con los materiales para construcción. Resulta que, en medio de la incertidumbre, a alguien se le ocurrió la idea de hacer una “marcha del adobe”. A pesar de mi corta edad (12 años), para mí más que una marcha, fue motivo de asumir ese reto con mucha alegría , ya que dicha jornada consistía en que cada estudiante llevaría sobre sí cuantos adobes pudiera, teniendo en cuenta las seis o siete cuadras con dicho material al hombro. Se trataba de cruzar desde la margen oriental, por la mitad del río hasta alcanzar la margen occidental del mismo. Fue tanto el éxito de dicha marcha, que al final no solo fueron los adobes, sino cuanto material se necesitaba y al final ver materializada la obra y disfrutar de la alegría de estrenar un nuevo colegio. Fue precisamente ahí donde aprendí que La Unión hace la fuerza.

Con el pasar de los años (52 años), fue inevitable para mí, relacionar dicha experiencia con todo el trabajo que llevó a cabo Nehemías, en su restauración del Templo y la reconstrucción de las murallas en Jerusalén.

Antes que nada, agradezco infinitamente al pastor Jr, por las magníficas enseñanzas que nos has compartido sobre el Libro de Nehemías y al Señor Todopoderoso por capacitarlo para enseñarnos Su Eterna Palabra.

Esta semana por medio de este saludo pastoral quiero alabar a Dios por la firmeza y la unidad que Él les dio a todos los que colaboraron con este hombre (Nehemías), para alcanzar en tiempo récord tan magnífica y noble obra.

Es tan importante para Dios la unidad y la firmeza de su pueblo en adelantar Su Obra que La Biblia incluso enumera los distintos estratos sociales que se encontraban en ese momento “desde los ancianos y los líderes hasta los leñadores y aguateros”.

¿Cuál es una de las enseñanzas y la lección aprendida aun para la iglesia? Que como bien sabemos todos los cristianos temerosos de Dios debemos estar unidos lo que nos hace garantes por el otro, si a uno le va mal a todos nos va mal, pero si a uno le va bien a todos nos va bien. Cuando la Biblia habla de la unión del pueblo de Israel se dice que estaban unidos “como uno”.

Hay una diferencia entre la palabra juntos, y la palabra uno. Cuando estamos juntos, lo hacemos a pesar de nuestras diferencias, pero cuando somos “como uno” no solamente no hay diferencias, sino que las diferencias son las que nos enriquecen; es cierto que un cuerpo necesita de una cabeza para guiarlo, pero si está la cabeza sola de nada sirve, necesita los pies para caminar, los ojos para ver y cada miembro del cuerpo cumple una función específica y necesaria.

Así también en el pueblo de Dios, cada uno de nosotros es necesario, por eso en este momento tan crucial y definitivo para la Iglesia, no es tan transcendental cuán importante uno crea que es o cuanto haya avanzado espiritualmente en forma individual, sino lo más importante es cuán unidos estemos.

Por eso cuando uno se presenta frente al Señor en forma individual pueden llegar a verse nuestras falencias, pero cuando estamos unidos con nuestros hermanos nuestras falencias se complementan con el otro y en la unión esta la perfección, y por supuesto…La Fuerza.

Es más, para este momento tan crucial, nuestro deseo debería ser que podamos ver en el otro lo que nos complementa y no sus defectos; que podamos aprender de cada uno, que nos “toleremos” que nos amemos, solo así recibiremos todas las bendiciones y el respaldo del Señor mientras concluimos nuestra carrera acá en este valle de la sombra de la muerte.

Pasados solamente tres años, por asuntos que Dios conoce, tuve junto a mi familia que abandonar el pueblo, y asentarnos en Medellín, tiempo que no fue suficiente, descontados los años que demoró la construcción de mi nuevo colegio, para disfrutar el lugar de mi formación académica.

Por el momento guardadas todas las proporciones, me dedico a la construcción de un edificio el cual espero disfrutar demasiado y que nunca será destruido. La Iglesia, con mi confianza permanente que “La Unión hace la Fuerza”

En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios. 1Corintios 3:9

Rvdo. Nicolás Ocampo J.
Pastor
  

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