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LAS MARCAS DE SU AMOR INQUEBRANTABLE

La Biblia dice:
​Así que los otros discípulos le dijeron: —¡Hemos visto al Señor! —Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.
Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. —¡La paz sea con ustedes!
Luego dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.

Las heridas del Señor Jesús son la más clara señal de Él, diciéndonos: “no importa cuánto dudes, aún no he terminado contigo. Estoy acá para que sepas que me importa tu fe.”

En la historia de Tomás, encontramos el corazón de esta verdad. A menudo, somos como Tomás. Queremos creer, anhelamos la certeza, pero cuando la vida nos golpea o la duda llama a nuestra puerta, exigimos una prueba tangible, una “marca de los clavos” en nuestra propia experiencia.

Tomás había escuchado el testimonio de sus amigos: “¡Hemos visto al Señor!”. Pero su incredulidad era un muro que solo una prueba irrefutable podía derribar.

Lo asombroso de la escena es la reacción del Señor Jesús. Una semana después, Él se aparece. No regaña a Tomás por su escepticismo. En cambio, le ofrece exactamente la prueba que había pedido. Jesús se presenta con sus heridas no como un signo de derrota, sino como la evidencia viva de Su victoria y, más importante aún, de Su persistente amor.

Las heridas de la crucifixión no desaparecieron en la resurrección; fueron transformadas en marcas gloriosas. ¿Por qué?

1. Son la Prueba de la Redención: Son el recibo de pago por nuestros pecados. Nos recuerdan que Su amor fue hasta la muerte y que Su promesa es eterna.

2. Son un Ancla para la Duda: Las heridas son el testimonio físico que valida Su identidad y Su poder resucitador. Le dicen a Tomás y nos dicen a nosotros: “Soy Yo. El mismo que te amó, te sigue amando, y está vivo”.
3. Son una Invitación Personal: El Señor Jesús no solo le muestra Sus heridas a Tomás, sino que le invita a tocarlas. Es una invitación íntima a la fe, a pasar de la teoría a la experiencia personal. Él nos dice: “Ven y ve por ti mismo. No te quedes en la duda; da el paso a la fe”. (Salmo 66:5)

Hoy, en nuestras propias luchas y dudas, las heridas del Señor Jesús son esa señal que nos dice: “No he terminado contigo.” (Filipenses 1:6)

Si te sientes lejos, si el dolor de la vida te hace dudar de Su presencia, mira las marcas ( Zacarías 12:10). Ellas te aseguran que Él conoce el sufrimiento, que ha estado en lo más profundo y ha regresado victorioso. Él no espera que seas perfecto para acercarse; Él viene a tu encuentro, a través de cualquier puerta cerrada, y te extiende Su mano marcada, invitándote: “No seas incrédulo, sino hombre de fe.”

Para meditar:
* ​¿En qué área de tu vida estás actuando como Tomás, exigiendo una prueba visible antes de creer?
* ​¿De qué manera la invitación de Jesús a “tocar” Sus heridas te llama a una fe más íntima y personal hoy?

Oración
Padre Celestial, la fe que hay en mí, procede de Ti. Yo no la puedo crear y no se puede fingir. Abre mi entendimiento para que al oír el mensaje predicado acerca de Cristo Jesús, la fe brote en mí y así sea yo agradable a Ti.
No quiero ser incrédulo, sino hombre de fe.
Te lo pido en el Nombre precioso del Señor Jesús y en el Poder de tu Espíritu Santo, Amén.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor
  
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