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¡NO MUERAS DE ABURRICIÓN!

La Biblia dice:

​Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír.
Eclesiastés 1:8 (NVI)

​El rey Salomón, el escritor sagrado de Eclesiastés, fue un hombre que lo tuvo todo: riqueza inigualable, sabiduría profunda y experiencias ilimitadas. Si alguien en la historia pudo evitar el aburrimiento, fue él. Sin embargo, su conclusión es asombrosa y profundamente honesta: “Todas las cosas hastían”.

¿Alguna vez ha sentido esa insatisfacción continua o esa vaciedad en el alma?

Salomón dice que el mundo es un ciclo agotador donde “ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír”. Él contempla la repetición constante de la creación y la compara con la actividad humana, que es breve y, a menudo, no produce una satisfacción duradera.

Ahora bien, el secreto para entender la razón por la cual se puede experimentar dicho sentimiento está en la expresión “bajo el sol” (Eclesiastés 1:3), este es el lamento de una vida separada de la perspectiva de Dios.

El Aburrimiento como Síntoma Espiritual
​El aburrimiento, el tedio y el hastío son experiencias complejas que casi siempre manifiestan un desagrado que lleva a la falta de compromiso, interés o estímulo. Seguramente has notado que esta queja se presenta en todas las áreas de la vida:
* ​ Matrimonio: La rutina monótona sin metas ni planes.
* ​ Trabajo: Las actividades repetitivas que ya no desafían nuestras habilidades.
Colegio o universidad: por el simple hecho de estar en un entorno fijo y controlado sin poder cambiar de actividad.
* ​ Hogar: Las tareas domésticas interminables (lavar, limpiar, etc.).
* ​ Relaciones: La carga de una responsabilidad moral, la rebeldía de un hijo, o el trato con personas difíciles.
* ​ Incluso en la Iglesia: A menudo es un síntoma de que “el vínculo de la paz con los hermanos se ha roto”.

En el fondo, el aburrimiento es el grito de un alma que busca un significado y un propósito trascendente que las cosas terrenales simplemente no pueden ofrecer. Es la prueba de que fuimos creados para Algo y Alguien más grande que el ciclo sin fin de ver y oír.

La Solución Divina: Rompiendo el Ciclo
​Salomón, después de su profunda exploración del hastío humano, nos ofrece una respuesta en el resto del libro: el hastío se rompe cuando la vida se vive en obediencia, temor y gozo delante de Dios.

¿Y cómo puedo hacer eso?

* ​ Busca el Origen, no la Distracción: No luches contra el aburrimiento con más “ver y oír” (más entretenimiento, más cosas). Lucha por reorientar tu mirada al Señor Jesús, la fuente de la vida. Él es el único que satisface completamente (Juan 6:35).
* ​ Transforma la Rutina en Adoración: Las actividades que te hastían (trabajo, tareas de la casa, responsabilidades familiares) pueden ser transformadas al realizarlas “como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). El amor por el Señor Jesús infunde propósito a la monotonía.
* ​ Reconstruye Vínculos: Si sientes aburrimiento en la iglesia, es posible que el “vínculo de la paz” necesite ser restaurado. El gozo se encuentra en la comunión profunda con el Cuerpo de Cristo, no solo en la asistencia pasiva o el ausentarte.

¡No mueras de aburrición!
El hastío es una invitación de Dios a levantar la vista de lo terrenal y mirar la eternidad. En Cristo Jesús, la vida no es un ciclo sin fin, sino una travesía llena de propósito y gracia que culmina en el gozo completo de la Íntima Devoción.

Para meditar:
* ​¿En qué área de tu vida (matrimonio, trabajo, iglesia) sientes actualmente el peso del hastío?
* ​Pídele a Dios que te muestre cómo puedes servirle y glorificarle en esa actividad monótona esta semana, transformando la rutina en un acto de adoración.

Oración
Padre Celestial, al concentrarme en todo lo que se hace “bajo el sol” he experimentado una profunda insatisfacción y en ocasiones hastío porque todo es siempre igual. Sin embargo, siento tu voz diciéndome claramente que, este es el lamento de una vida separada de tu perspectiva. Deseo poner mi mirada en el Señor Jesús y te ruego que me des la capacidad por medio de la fe de enfocarme en lo eterno para glorificarte en mi vida.
Oro en el Nombre precioso del Señor Jesús y en el Poder de tu Espíritu Santo, Amén.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor
  
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