…el vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida. Salmo 104:15

Ya han pasado varios días después de las fiestas de fin de año en las que seguramente al interior de las familias se vivió un tiempo de compartir, entregar y recibir y hasta de levantar una copa de vino a manera de brindis en el que la expresión más común fue “¡Salud!, en una clara alusión al deseo de ver en nuestros parientes y amigos un gozar permanente de no padecer enfermedad alguna. Ahora bien, no solamente se levanta una copa de vino en navidad y año nuevo; también es usual en un cumpleaños, un matrimonio, un grado, o qué sé yo, tantos motivos para expresar buenos deseos hacia otra persona.

Pues bien, no pretendo cambiar ese modelo de brindis, no es mi intención, aunque sí es mi anhelo atraer la atención de quienes me leen, en el sentido que hay algo mucho más importante por lo cual brindar: La vida. ¿Por qué? Porque hay una forma distinta al momento de levantar la copa y brindar: Allí no deberíamos decir el tradicional ¡Salud!, sino algo que trasciende mucho más allá y decir: ¡Por la vida! Como una manera de santificar el regalo más grande que Dios nos da después de la salvación, la vida.

¡Por la vida! En esa expresión se refleja una profunda verdad sobre el vino: Él puede ser usado para bien o para mal.

A propósito, hablemos de Colombia. Me parece que es muy paradójico que se brinde gritando ¡salud!, entretanto la gente atenta contra la misma, y no sólo la salud sino la vida misma con el consumo desmedido de licor. Piense en lo siguiente: según las estadísticas de la Policía Nacional de la República de Colombia, la mayoría de las riñas, peleas familiares y callejeras, homicidios, suicidios y hasta rupturas en las relaciones conyugales, se derivan del consumo desmesurado de bebidas alcohólicas.

Precisamente es que después de haber hecho un brindis y decir ¡Salud!, mucho de los que alzaron la copa no sabían que una vez consumida la primera copa, siguió otro sinnúmero de tragos y que sin darse cuenta entraron un vino y salió un veneno traducido en acciones que trajeron luto, dolor y con estos muchas lágrimas.

La manera en que manejamos el vino y el licor en general, puede hacer que nos encumbremos o que Dios no lo permita, nos degrademos.

Debemos ser muy cuidadosos y recordar antes de usar el vino, que debemos aprovecharlo para el bien, “por y para la vida”.

Espero que si algún legalista lee este saludo no me vaya a despedazar (anticipo mi petición de perdón si le ofendo), pero muchos religiosos pagarían porque alguien sacara estas palabras de la Biblia.

Para alegrarse, el pan; para gozar, el vino; para disfrutarlo, el dinero. Eclesiastés 10:19

Ellos prefieren “el pan de dolores” de Isaías al pan de alegría de Salomón; son recabitas ( Lee por favor acerca de los recabitas en Jeremías 35:1-6), y no gozan una copa de vino con el almuerzo; hacen votos de pobreza para no disfrutar el dinero. El plan de Dios no es que vivamos aburridos ni infelices, sino que disfrutemos, entre muchísimas, tres bendiciones: el pan, que nunca nos falte la comida; el vino que, en las Sagradas Escrituras, no es una bebida alcohólica sino un complemento alimenticio. Es de suponerse que con ese criterio lo tomaba el Señor Jesús y muchos pueblos de la tierra lo hacen en cantidades moderadas junto con los alimentos. Y, finalmente, el dinero. Pero, ¿para qué? Para disfrutarlo. No para esclavizarse a él, no para que nos salga una úlcera de duodeno, o caigamos en depresión por los bienes materiales, sino para gozar de ellos.

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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