Después de enviar el acostumbrado texto bíblico a todos mis contactos; el día que compartí el de las Palabras del Señor Jesús en Mateo 24:7-8, una hermana de la Congregación me escribió preguntándome cómo debemos orar.

Antes que nada, le respondí que como es de esperarse y de creerse, esas palabras del Señor se están cumpliendo a cabalidad:

Ustedes oirán que en algunos países habrá guerras, y que otros países están a punto de pelearse. Pero no se asusten; esas cosas pasarán, pero todavía no será el fin del mundo.  Porque los países pelearán unos contra otros, la gente no tendrá qué comer, y en muchos lugares habrá terremotos.  Eso es sólo el principio de todo lo que el mundo sufrirá. Mateo 24:6-8 

Debemos orar porque el día del Señor no nos tome por sorpresa y sin estar preparados, pero también debemos orar los unos por los otros; debemos orar porque seamos librados del maligno, en fin, tantos motivos para orar. Pero seguramente la hermana en mención también me preguntaba por la situación de guerra tan tensa que se está viviendo entre Rusia y Ucrania. Hablar de guerra, por supuesto es hablar de la ausencia de la paz. Un asunto que no es de ahora. Todo lo que se está viviendo en este momento en el mundo tiene su origen.

Todos sabemos que hubo en el principio un disturbio universal, o como lo diríamos en lenguaje actual, un intento de “golpe de estado” contra el Todopoderoso Dios protagonizado por ángeles rebeldes dirigidos por el espíritu de desobediencia, el querubín protector que quiso ser como Dios; y que, después, ese modo de rebelión fue traído a nuestra tierra por los propios ángeles caídos.

Tu majestad ha sido arrojada al sepulcro, junto con el sonido de tus arpas. ¡Duermes entre gusanos, y te cubren las lombrices! ¡Cómo has caído del cielo, lucero de la mañana! Tú, que sometías a las naciones, has caído por tierra. Decías en tu *corazón: “Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses. Subiré a la cresta de las más altas nubes, seré semejante al *Altísimo.”  ¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo más profundo de la fosa! Isaías 14:11-15 

Y aunque las Sagradas Escrituras afirman de manera insistente que Dios es un Dios de paz,  es muy triste reconocer que el universo vive en guerra permanente porque todas las guerras de nuestro planeta comenzaron cuan­do los primeros padres en el edén se rebelaron contra Dios, azuzados por la llamada “serpiente” antigua, que es el mismo Satanás.

Al desobedecer a la Suprema Autoridad, que es Dios, Adán y Eva le declararon la guerra a su Creador y obedecieron al comandante de las fuerzas infernales, que es el instigador de

  • todas las contiendas,
  • todos los conflictos  
  • todas las riñas entre los hombres.
  • Todas las guerras entre naciones, como sucede más actualmente entre Rusia y Ucrania; aunque entre Venezuela y Nicaragua unidas, quieren casar una guerra con Colombia. (Hoy jueves 24 de febrero, fue llamado el Embajador de Colombia ante el gobierno de Nicaragua a causa de esa guerra verbal que el Presidente Ortega desató contra nuestro País y su Gobierno; con Venezuela ni siquiera hay Relaciones Diplomáticas, que es el primer paso que dan las naciones unte la posibilidad de una eventual guerra).

¿Qué consecuencias trae entonces todo esto? Pues que, al perderse la paz de Edén, Dios mismo les declara la guerra a las huestes infernales, y así se origina lo que llamamos, precisamente, “guerra espiritual”.  

Pero Dios promete solemnemente, allí mismo en el Edén, que Alguien que vendría en carne humana [Jesucristo], restablecería en este planeta la paz para siempre:

Haré que tú y la mujer, sean enemigas; pondré enemistad entre sus descendientes y los tuyos. Un hijo suyo te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón». Génesis 3:15 

Esta Escritura como todas Las Escrituras Sagradas, se cumple en Jesús y por ese motivo Él con toda Autoridad dice que recibamos la paz que procede de Él, ya que no existe otro modelo de paz que nos permita vivir quieta y sosegadamente:

Les doy la paz, mi propia paz, que no es como la paz que se desea en este mundo. No se preocupen ni tengan miedo por lo que pronto va a pasar. Juan 14:27

 Si nos acogemos a esa propuesta de Paz que el Señor Jesús nos hace, lo demás que pueda ocurrir en el mundo, no nos debe preocupar como lo afirma el mismo Señor en el texto que antes mencioné de Mateo 24:6-8.

Por supuesto que no debemos posar con indiferencia frente a las tensiones bélicas que se viven en este mismo instante entre Rusia y Ucrania, donde están midiendo fuerzas los pesos pesados del mundo que se ensañan en querer matar miles de inocentes. ¿Qué hacer entonces?  Elevar nuestras oraciones por todos sus habitantes, en especial por la comunidad cristiana y por la comunidad judía en Kiev y en todo Ucrania.

Pero además, debemos orar por el pueblo de Israel, porque aunque esto parece estar distante de ellos, en realidad este es el comienzo de la Guerra que proféticamente la Biblia anuncia, que terminará en la tierra santa.

Que el Creador Bendito, y Dios de Paz tenga misericordia y se apiade de todos los que están sufriendo por esta situación de guerra.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

  

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