Es cierto que cuando una persona entra por primera vez a un templo y al menos por un tiempo, se encuentra con un lenguaje extraño y con palabras pronunciadas por los que llevan años allí, que a lo mejor se le hacen extrañas. Palabras y expresiones como: ¡Aleluya!, ¿Gloria a Dios!, ¡Dios le bendiga!; fariseos, saduceos, herodianos, parábolas y no sé cuántas más. Tardan días, quizás meses para entender todo este “nuevo lenguaje” y por temor, nunca se atreven a preguntar, hasta que llegue el tiempo del discipulado. Pues bien, hoy quiero escribir sobre las parábolas, qué son y para qué sirven.

Antes que nada, quiero que leas lo que nos dice el salmo 78:2-3 que  creo sin temor a equivocarme es la primera vez que la Biblia menciona la palabra parábola.

Pueblo mío, atiende a mi enseñanza; presta oído a las palabras de mi boca. Mis labios pronunciarán parábolas y evocarán misterios de antaño, Salmo 78:1-2 

En este contexto del salmo 78 las parábolas se refieren a historias con enseñanzas útiles para ponerlas en práctica. Por ejemplo, te invito a que leas muy detenidamente en el evangelio de Mateo 13:35, cómo se refiere al salmo 78: 1-2 como una profecía acerca de las enseñanzas con parábolas del Señor Jesús.

Jesús le dijo a la multitud todas estas cosas en parábolas. Sin emplear parábolas no les decía nada. Así se cumplió lo dicho por el profeta: «Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo.» Mateo 13:34-35 

¿Qué es entonces una parábola?  Esta palabra proviene de un término griego que significa “comparación”, señala semejanzas entre lo celestial, es decir la realidad eterna y las realidades de la vida terrenal. Y aunque el Antiguo Testamento contiene algunas parábolas como por ejemplo lo que nos dice el 2 libro de Samuel 12:1-4, cuando el profeta Natán fue enviado por Dios ante el rey David a decirle que el Señor estaba indignado ante la atrocidad que había cometido con Urías y Betsabé.

Pues bien, creo entonces necesario destacar que el Señor Jesús se distingue por el uso casi exclusivo que hace de las parábolas como una herramienta útil para hacer claridad con respecto a sus enseñanzas. ¿Por qué? Porque al aprovechar el conocimiento que la gente tiene de la vida cotidiana, el Señor permitió que la gente pudiera comprender las cosas que se habían “escondido” desde el principio del mundo.

Se me ocurre entonces pensar que, como instrumentos útiles en las manos del Señor, cada uno de nosotros somos como una “parábola” a través de la cual Dios quiere hacer entender su Mensaje de Salvación a un mundo que se debate en oscuridad y que corre raudo hacia el abismo de la perdición por toda la eternidad. Te pregunto: ¿Qué tanto crees que eres una “parábola” con la cual el Señor está enseñando la Realidad Eterna de Su Palabra y Su Plan de Salvación?

¿Realmente sí tendremos el carácter de muchos hombres que, como los apóstoles y muchos discípulos, hombres y mujeres despreciaron su vida y prefiriendo la muerte por causa del Señor Jesús como nos lo dice apocalipsis 12:11, se mantuvieron firmes hasta el final?

Permítame dejarle por hoy con la siguiente historia, a manera de “parábola” como ejemplo para cada uno de nosotros:

Policarpo fue el pastor de la iglesia en Esmirna 54 años después de que la carta a esta iglesia fuera escrita por el apóstol Juan. Policarpo había sido un estudiante y discípulo del apóstol Juan. Durante un festival en la ciudad, algunos sugirieron que tomaran a Policarpo y lo obligaran a declarar su lealtad a Cesar. Trajeron a Policarpo a la arena y le dijeron que, o confesaba que Cesar era Señor o lo mataban. Los líderes judíos organizaron una turba que empezó a difamar a Policarpo. Ellos gritaban, “este es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el destructor de los dioses, que enseña a muchos que no sacrifiquen ni que adoren.”

Le dieron la opción a Policarpo – quemar un sacrificio para Cesar o ser quemado hasta la muerte. Su grandiosa repuesta ha sido registrada, protegida, y traducida. Policarpo le dijo a la muchedumbre, “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y Él nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo puedo blasfemar a mi Rey y Salvador? No temo el fuego que arde por una hora, y un poco después es extinguido. Lo que yo quiero es nunca tener que ir al fuego eterno que nunca se apaga. Entonces dijo a su verdugo:  ¿Por qué te tardas? Ven y haz lo que quieres.”

Momentos después, él fue quemado hasta la muerte y las palabras de Cristo se convirtieron en una realidad – el recibió la corona de la vida.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.
Pastor
  

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