Mi vida pende de un hilo, pero no me olvido de tu ley. Salmo 119:109

Recientemente mientras presenciaba algunas reformas que se le hacían al Templo Íntima Devoción, tuve la oportunidad de observar algo particular que me llamó la atención: Uno de los hermanos integrantes del equipo restaurador nos dijo a los pastores sobre la necesidad de una sogas con el fin de asegurar unos andamios que servirían luego para trabajar en alturas. Hasta ahí me parecía normal; de un momento para otro me pregunté para qué servirían las sogas notablemente frágiles comparadas con los andamios elaborados de material sólido, y recibida la respuesta, fue cuando quedé todavía más sorprendido; las sogas más que eso reciben el nombre de “Línea de Vida”. ¿Qué? ¿Línea de Vida una soga?

Luego al ver cómo se levantaba por parte de aquellos hombres la estructura metálica con la cual alcanzarían la altura, esta era asegurada ya no con sogas, sino con “Líneas de Vida”, las sogas para ese oficio especifico cambian de nombre, porque de esa manera quien allí se encaramaba podía estar seguro que el andamio no se iba a mover de su lugar poniendo en riesgo su vida.

Hace algunos pocos años mi hija Claudia y nosotros como su familia pasamos por tiempos muy oscuros y difíciles al ver impotentes la reiterada pérdida de sus bebés cuando aun estaban en su vientre. Era inocultable nuestra extrañeza ante lo sucedido que, una vez consultados los profesionales de la medicina, atinaron a decir algo que nos dejó perplejos: Los seres humanos, decían, tenemos nuestra propia línea de vida, la cual en unos representa muchos años de vida y en otros solo unos cuantos meses. Entendí que no eran abortos espontáneos sino que los bebés tenían su línea de vida solo por algunos meses después de haber sido concebidos. Entendí además que como frágiles criaturas debemos tener este “andamio”, entiéndase nuestro ser asegurado a la irrompible Línea de Vida, que es Cristo Jesús quien en muchas oportunidades se presentó a sí mismo y posteriormente fue anunciado por los apóstoles en sus escritos epistolares como La Vida.

Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. Joh 14:6

Es ahora cuando comprendo mucho mejor que mi vida pende de un hilo sin el Señor Jesús, sin embargo, para estar anclado en Él, tengo que morir a todas las cosas que representan el pecado en mí y que no son compatibles con Su Santidad, como bien lo escribió el apóstol Pablo:

Y, cuando Cristo —quien es la vida de ustedes —sea revelado a todo el mundo, ustedes participarán de toda su gloria. Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes. No tengan nada que ver con la inmoralidad sexual, la impureza, las bajas pasiones y los malos deseos. No sean avaros, pues la persona avara es idólatra porque adora las cosas de este mundo. Colosenses 3:4-5

¿Quieres estar seguro sin riesgo alguno a caer y perecer? Te hago la mejor recomendación: Asegura tu vida sin importar de cuántos años consta, en quien te garantiza Vida Eterna, en Jesús el Señor.

Rvdo. Nicolás Ocampo J.
Pastor
  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *