Todos los creyentes en Cristo Jesús, hemos experimentado el contraste que genera el profundo deseo de no pecar, frente a la realidad de estar sometidos a la carne. Este estado genera una terrible insatisfacción porque muchas veces nos roba el gozo.

Piense en esto:
Antes de conocer el mensaje del Evangelio, una persona vivía en una relación sentimental y sexual fuera del matrimonio. Al conocer las demandas de Dios para la salvación, esa persona decide cortar con la relación pecaminosa y así buscará honrar al Señor.
Pero, en algún momento después de su decisión, se encuentra nuevamente con su expareja.
¿Cree usted que no sentirá nada?
Haya o no amor, esa persona experimentará una guerra entre su mente y y los miembros de su cuerpo.
Con su cuerpo querrá satisfacer el pecado y con la mente querrá honrar a Dios.

La Biblia dice respecto a esto que:

En mi interior, quisiera obedecer la voluntad de Dios, pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley está en guerra contra mi mente, y me tiene cautivo. ¡Qué triste es el estado en que me encuentro!
Romanos 7:22‭-‬23 NBV

Se fija cómo termina el Apóstol Pablo este versículo: ¡Qué triste es el estado en que me encuentro!

Esa es la verdad de todos los creyentes, tenemos una guerra a muerte entre nuestra mente y nuestro cuerpo que nos hace sentir cautivos.

¿Qué hacer?
1. Fortalezca su mente. Esto se hace con la lectura diaria, ordenada y ferviente de las Sagradas Escrituras. (10 minutos de lectura nunca serán suficientes)
2. Ore. Tome por costumbre orar por todo, todo el tiempo, pero además busque estar de rodillas ante Dios cada día por lo menos tres veces. (Esta será una señal de rendición para su cuerpo)
3. Apártese de esas situaciones que usted sabe que Dios detesta pero que usted mismo justifica. (Ese noviazgo con una persona incrédula, ese compañerismo con los tramposos, ese grupo con el que compartes pornografía, etc.)
4. Cante Alabanzas. El que alaba es victorioso. (Ten cuidado con Radio tiempo todo el tiempo, es un aliado de los miembros de tu cuerpo que busca atentar contra tu mente).
5. Confiese a Dios constantemente sus sentimientos. Arrepiéntase y resista.

Oro a Dios para que puedas salir victorioso de tu propia guerra.

Rvdo. Nicolás Ocampo M.
Pastor

    

Etiquetas:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.