Edificación Espiritual

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Saludo Pastoral
23 de mayo, 2020

Prioridades

Los acrósticos, esos que se trazan de Las prioridades y la manera como damos orden a nuestros compromisos ocupan parte de nuestro tiempo en el diario vivir.  En ocasiones cuando no llevamos un debido orden corremos el riesgo de darle prioridad a lo elemental y manejable, y dejamos de lado lo importante y realmente urgente. Para tocar un solo ejemplo, quiero llamar tu atención sobre todo lo que está pasando a nuestro alrededor en el mundo entero y veas que la mayoría de las personas está centrando su atención sobre un solo asunto y ha dejado de lado asuntos tan importantes como el lado espiritual que a la postre es el que interesa. También quiero llamar tu atención para que imagines la ingrata sorpresa que algunas personas que no dieron prioridad al asunto espiritual, como saber escuchar lo que el Señor Jesús dice en Su Palabra, experimentarán cuando esperando una estupenda bienvenida en el Cielo, sean excluidas y alejadas de La Presencia de Dios. Algunos creyendo falsamente en que están llenos de méritos y de credenciales repletas de reconocimiento terrenal impresionante, se sentirán “sobreseguros” de recibir la misma o mayor cantidad de aplausos en el cielo como ocurría acá en la tierra. Podrán ser excelentes oradores, buenos maestros, o también campeones en recaudar fondos, figuras religiosas de un inigualable reconocimiento, pero que olvidaron una cosa que tenían en común, el haber cometido el error de impresionar a Dios con sus logros. Dios quiere de Su Pueblo una verdadera y sincera obediencia. Esa debe ser nuestra prioridad número uno. El status terrenal no significa nada para el Señor Jesús. Si tu confianza está puesta solamente en Cristo Jesús y eres fiel en cumplir la Voluntad de Dios en tu hogar, en tu barrio, tu lugar de trabajo y cualquier otro sitio donde Él te coloque, serás bienvenido en Su Reino. No olvides pues, darle prioridad a lo espiritual y tener como número uno tu verdadera y sincera comunión con Dios. Lee lo que te dice el Señor Jesús en el siguiente pasaje bíblico: »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” »Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.» Mat 7:21-27 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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23 de mayo, 2020

La Palabra de Dios no está prisionera

Por estos días en los que la sociedad mundial vive una relativa quietud y zozobra, la iglesia por el contrario debe estar más viva que nunca. Quizás este sea el mejor momento que el Señor Jesús está otorgándonos para que testifiquemos y hablemos acerca de Las Buenas Nuevas del Evangelio de Dios. Este es precisamente el año en el que la humanidad reciba el segundo y último toque de la Misericordia de Dios a través del mensaje que cada uno de nosotros les podamos dar. Dios quiere que este tiempo de encierro, sea para la humanidad, no para Su Eterna Palabra. Así que no hay disculpa para silenciarnos. Te recuerdo que los encerrados o por no decir “prisioneros” somos nosotros, no la Palabra de Dios. Voy a tomar el ejemplo de varios hombres de Dios que tuvieron la oportunidad de silenciar su Mensaje dadas las situaciones personales que estaban viviendo, y no lo hicieron. El apóstol Pablo estando prisionero, nunca se disimuló, nunca evadió su responsabilidad aduciendo que estaba prisionero, por el contrario, fue un tiempo en el que se dedicó a seguir llevando a cabo su tarea como apóstol. Veamos: Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Efesios 2:19-22 Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; Efesios 3:1 Ahora bien, usted me dirá: , yo no estoy prisionero, pero no tengo las palabras apropiadas, no soy persona de fácil expresión. Permíteme decirte que esa no es disculpa, porque los apóstoles Pedro y Juan, no tenían una elocuencia admirable, ni eran oradores profesionales, ellos no habían tenido una formación en locución profesional, no eran expertos en sostener debates, es más, no tenían la más sólida experiencia en cuanto a defender la fe. Sin embargo, hay algo que estos santos hombres de Dios poseían: Ellos sabían lo que el Señor Jesús había dicho y hecho. Además, sabían la forma tan especial como el Señor había transformado sus vidas a partir de su relación con Él. Esto nos debe bastar para darnos cuenta de que otras personas necesitan también oír las mismas cosas que escucharon los apóstoles y que las hemos escuchado nosotros también. Así que no tengas miedo de pasar por la humillación a la que te expondrías por falta de destreza o de entrenamiento para evangelizar, basta con que te arriesgues, aun si tienes que sufrir uno que otro golpe físico; lo importante es obedecer el mandamiento y la tarea que el Señor Jesús nos asignó. Te animo para que pienses en ese número de personas que fueron llevadas a Cristo Jesús por medio del mensaje de los mencionados apóstoles, estaban tan impresionadas, que cuando escucharon lo que estos hombres “ordinarios” les testificaron, no pudieron resistirse a La Palabra de Dios. Recuerda que lo que vas a Predicar es La Palabra de Dios, y no tu palabra. Es probable que tu palabra no transforme a nadie, pero La Eterna Palabra de Dios, sí lo logrará. Lee lo siguiente, y por un instante fija tu nombre ahí donde están los nombres de Pedro y Juan, y te darás cuenta lo impresionado que quedarás. Los gobernantes, al ver la osadía con que hablaban Pedro y Juan, y al darse cuenta de que eran gente sin estudios ni preparación, quedaron asombrados y reconocieron que habían estado con Jesús. Hechos 4:13 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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2 de mayo, 2020

La Obediencia

Por estos días he oído a muchos cristianos decir que todo esto que está ocurriendo, no es otra cosa sino el castigo de Dios para el mundo. Es posible que sea cierto, es posible que no. Júzguelo cada uno. Lo que me preocupa es la forma intencional como algunos lo dicen. Dan rienda suelta al odio y con saña desearían que el Señor aniquilara a la gente de una vez por todas. No dan muestra del más mínimo de misericordia hacia los demás. Y aunque es cierto que todo lo que sucede ahora mismo, fue advertido por el Señor Jesús, también el mismo Señor es el que dice: “Misericordia quiero y no sacrificios… “Pensemos por un instante en la gente que se están yendo a la eternidad sin Cristo Jesús. Me pregunto: ¿Acaso no será ésta la maravillosa oportunidad que la Iglesia tiene para dar la mano a cuantos más podamos y salvarlos de la ira venidera? Dios no quiere una Iglesia como Jonás que en su momento y a regañadientes llevó el Mensaje de Salvación a los encarnizados enemigos del pueblo de Israel, los Asirios. Pensemos que Dios es un Dios de oportunidades. Que el Señor Jesús no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo. Si el mundo se condena es por sí mismo, no porque ese sea el propósito de Dios y no debe ser el de nosotros tampoco. El Señor no le da importancia a tu estrato socioeconómico, ni siquiera a tu nacionalidad. Dios creó a todas las personas y desea que todos tengamos una estrecha comunión con Él. Se me ocurre pensar en este momento en el profeta Jonás, que, como la Iglesia, amaba a Dios profundamente, pero no estaba dispuesto a aceptar que Dios mostrara su amor hacia otros pueblos como lo eran los más cerrados enemigos de Israel, los Asirios. Mientras que este controvertido profeta pensaba que los Asirios, especialmente los de la capital del Imperio, es decir los ninivitas, no merecían escuchar las Buenas Nuevas de salvación, Dios quería que él se las anunciara de todas maneras. Es por eso que me preocupa que nosotros como iglesia empecemos a pensar como Jonás y negarnos a llevarles la oportunidad a los demás, así no sean de nuestro agrado. Me preocupa además que resultemos involucrados con aquellos que se parecen a nosotros y que son de nuestro agrado. Seguramente no siempre ese es el plan de Dios. Si tienes problemas en sentir compasión por los demás, te invito para que veas una que otra noticia, de esas que a veces evitamos, pero que nos muestran la forma tan desesperante como mueren las personas a causa del virus. De verdad duelen las entrañas, pero este dolor se vuelve más intenso, cuando sabemos que murieron sin oportunidad de salvación. Permíteme te hago un llamado a la reflexión: Si el Señor Jesús pone un llamado en tu corazón, sigue ese llamado, obedécelo y a lo mejor, no solamente te salvará, sino que salvarás muchísimas vidas. Del Señor Jesús aprendamos, fíjate cómo actúa Él: Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Mateo 14:14 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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2 de mayo, 2020

La Roca

Meditaba en la mañana acerca de todo este caos que se cierne sobre la humanidad y recordé que en una ocasión invité a mi esposa y mis dos hijos a darnos un paseo a un pueblo cerca de nuestra ciudad que tiene como atractivo turístico la famosa Piedra del Peñol. También recordé que cuando me vi frente a esa imponente piedra, lo único que sentí fue un pavor sobrecogedor. Pero simultáneamente al pavor sentí también el anhelo de poder escalar hasta lo alto y una vez estuve allá arriba sentí dos cosas básicamente. La primera es que mi miedo desapareció y la segunda es que ya no quería bajar de allí porque me sentía más seguro en lo alto que en la superficie. ¿Alguna vez has estado en la base de un cerro y colocaste tu mano sobre la roca? Los cerros se elevan hacia lo alto, macizos, sólidos y aparentemente inconmovibles. Pero Dios es nuestra Roca. Él no cambia ni nada lo perturba. Cuando estás atravesando un tiempo difícil en tu vida, tu matrimonio o tu trabajo, ¿a quién recurres? Este es un mundo alocado, donde a veces el caos parece ser la única constante. Sin embargo, en medio de toda esta confusión se encuentra El Señor Nuestra Roca, Sólida, Estable, Inconmovible. No importa entonces, de qué clase de problema se trate, si nos unimos al Señor Jesús, podemos estar se guros de algo, que estamos pisando terreno firme. El cerro, que es el mundo, comparado con La Roca, que es el Señor, es tan débil que hoy precisamente un microscópico virus lo tiene tambaleando. Años después, muchos años después, el Señor inspiró a mi hija Claudia a componer una canción que ha traído bendición a quienes hemos sido ministrados con ella, dicha canción está basada sobre una palabra profética salida de los labios de un ama de casa llamada Ana la mamá del profeta de Dios, Samuel. Ana elevó esta oración: «Mi corazón se alegra en el SEÑOR; en él radica mi poder. Puedo celebrar su salvación y burlarme de mis enemigos. »Nadie es santo como el SEÑOR; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él! 1Samuel 2:1-2 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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4 de abril, 2020

Llevados en brazos

Seguramente usted estará de acuerdo conmigo en la siguiente apreciación: Todos los seres humanos tenemos memoria sólo a partir de los cuatro años de edad aproximadamente; y recordamos con muy vagas descripciones algunos episodios en esta etapa de nuestra vida. Cierta persona me dijo alguna vez: “cómo han pasado los años Nicolás, poder verte ahora, saber que cuando eras un bebé fui yo una de esas tantas personas quien te cargaba” A lo cual respondí: Francamente no lo recuerdo. Pude entender entonces que podemos recordar fácilmente a quién cargamos, pero nunca recordaremos quién nos cargó, es decir quién nos llevó en sus brazos. Por estos días de aislamiento social, disfruto mucho mi devocional con mi esposa Marlen y en la lectura de las Escrituras que estudiamos en la mañana de hoy (Jueves 2 de abril), nos sorprendieron unos textos que quiero compartirlos con ustedes. En primer lugar, en Isaías 46:1-2; 46: 5-9 dice: Bel se inclina, Nebo se somete; sus ídolos son llevados por bestias de carga. Pesadas son las imágenes que por todas partes llevan; son una carga para el agota-do. Todos a la vez se someten y se inclinan; no pudieron rescatar la carga, y ellos mismos van al cautiverio. Además, el Señor agrega: » ¿Con quién vas a compararme, o a quién me vas a igualar? ¿A quién vas a asemejarme, para que seamos parecidos? Algunos derrochan oro de sus bolsas y pesan plata en la balanza; contratan a un joyero para que les haga un dios, y ante ese dios se inclinan para adorarlo. Lo levantan en hombros y lo cargan; lo ponen en su lugar, y allí se queda. No se puede mover de su sitio. Por más que clamen a él, no habrá de responderles, ni podrá salvarlos de sus aflicciones.» Recuerden esto, rebeldes; piénsenlo bien, ¡fíjenlo en su mente! Recuerden las cosas pasadas, aquellas de antaño; yo soy Dios, y no hay ningún otro, yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí. “ Isaías 46:1-2; 46:5-9 Resulta que en el antiguo tiempo cuando las gentes iban a salir de viaje solían empacar y llevar a sus ídolos y dioses con ellos. Aun en nuestros días y sobre todo en el mundo occidental y especialmente en Suramérica, es muy notable que en fiestas patronales locales o en la llamada semana santa, los pueblos llevan a sus propios dioses en hombros en masivas procesiones, y hasta hay oficios que por costumbres ancestrales se van heredando como el caso de los cargueros, es decir aquellos que se encargan de llevar en hombros a sus ídolos. De eso seguramente todos tienen memoria. Sin embargo, en muchos apartes, La Biblia nos muestra claramente lo que significan esos ídolos y cómo los ve Dios el Señor. Veamos sólo un pasaje bíblico, de cientos que usted encuentra en La Eterna Palabra de Dios: ¿Por qué tienen que decirnos las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca. Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos. Salmo 115:2-8 Otros pasajes bíblicos que hablan de lo que significan los ídolos son: Jeremías 10, El Salmo 135 y muchísimos más. Pero hay una marcada diferencia y es que, el pueblo del único Dios verdadero tiene la seguridad de que el Señor es el que nos carga, nos lleva, y nos sustenta en el curso de toda nuestra vida, incluidos los momentos de mayor aflicción y adversidad, tal como sucede en estos días. De Dios entonces recibimos: Fidelidad, confianza, dedicación, fuerza, y muchas otras virtudes que de Él emanan y que son el Sello del trato que el Señor Jesús tiene con aquellos que ama y que lo aman. Te invito para que detengas tu meditación en la siguiente y muy tierna Escritura: «Escúchame, familia de Jacob, todo el resto de la familia de Israel, a quienes he cargado desde el vientre, y he llevado desde la cuna. Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.” Isaías 46:3-4 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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4 de abril, 2020

Oportunidad para todos

Por estos días he oído a muchos cristianos decir que todo esto que está ocurriendo, no es otra cosa sino el castigo de Dios para el mundo. Es posible que sea cierto, es posible que no. Júzguelo cada uno. Lo que me preocupa es la forma intencional como algunos lo dicen. Dan rienda suelta al odio y con saña desearían que el Señor aniquilara a la gente de una vez por todas. No dan muestra del más mínimo de misericordia hacia los demás. Y aunque es cierto que todo lo que sucede ahora mismo, fue advertido por el Señor Jesús, también el mismo Señor es el que dice: “Misericordia quiero y no sacrificios… “Pensemos por un instante en la gente que se están yendo a la eternidad sin Cristo Jesús. Me pregunto: ¿Acaso no será ésta la maravillosa oportunidad que la Iglesia tiene para dar la mano a cuantos más podamos y salvarlos de la ira venidera? Dios no quiere una Iglesia como Jonás que en su momento y a regañadientes llevó el Mensaje de Salvación a los encarnizados enemigos del pueblo de Israel, los Asirios. Pensemos que Dios es un Dios de oportunidades. Que el Señor Jesús no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo. Si el mundo se condena es por sí mismo, no porque ese sea el propósito de Dios y no debe ser el de nosotros tampoco. El Señor no le da importancia a tu estrato socioeconómico, ni siquiera a tu nacionalidad. Dios creó a todas las personas y desea que todos tengamos una estrecha comunión con Él. Se me ocurre pensar en este momento en el profeta Jonás, que, como la Iglesia, amaba a Dios profundamente, pero no estaba dispuesto a aceptar que Dios mostrara su amor hacia otros pueblos como lo eran los más cerrados enemigos de Israel, los Asirios. Mientras que este controvertido profeta pensaba que los Asirios, especialmente los de la capital del Imperio, es decir los ninivitas, no merecían escuchar las Buenas Nuevas de salvación, Dios quería que él se las anunciara de todas maneras. Es por eso que me preocupa que nosotros como iglesia empecemos a pensar como Jonás y negarnos a llevarles la oportunidad a los demás, así no sean de nuestro agrado. Me preocupa además que resultemos involucrados con aquellos que se parecen a nosotros y que son de nuestro agrado. Seguramente no siempre ese es el plan de Dios. Si tienes problemas en sentir compasión por los demás, te invito para que veas una que otra noticia, de esas que a veces evitamos, pero que nos muestran la forma tan desesperante como mueren las personas a causa del virus. De verdad duelen las entrañas, pero este dolor se vuelve más intenso, cuando sabemos que murieron sin oportunidad de salvación. Permíteme te hago un llamado a la reflexión: Si el Señor Jesús pone un llamado en tu corazón, sigue ese llamado, obedécelo y a lo mejor, no solamente te salvará, sino que salvarás muchísimas vidas. Del Señor Jesús aprendamos, fíjate cómo actúa Él: Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Mateo 14:14 Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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22 de marzo, 2020

La Prueba

En mi época de estudiante, las jornadas académicas, distinto a hoy, eran a mañana y tarde. Como adolescente, disfrutaba todo y no medía consecuencias de nada; el mundo no parecía existir para mí, y no veía diferencia entre un día o un año. Todo lo tenía, todo lo gozaba, quizás no le daba el debido valor a las cosas, porque como reza el adagio: “Lo que nada nos cuesta, volvámoslo fiesta”, es decir podía darme el lujo de derrochar-lo todo, de antemano sabía que, ya sea porque mis mayores daban provisión, o yo mismo podía solucionar mis necesidades básicas con los recursos derivados de mi trabajo, volvería a gozar de lo que me antojara. Permítame precisar que desde niño he aprendido también a obtener mis propios recursos a través del trabajo. Si un alimento no me gustaba, no me lo comía y ¡Punto! Desprendía las hojas de mis cuadernos, sin considerar siquiera cuánto esfuerzo tenían que hacer mis mayores para dármelos. Esas y otras cosas más me hacían olvidar que por mucho que yo creyera que el tiempo estaba detenido para mí, éste no dejaba de correr. De pronto llegaba el fin del año y con él las pruebas académicas frente a las cuales lo único que sentía era pavor y era en ese preciso momento que añoraba el haber aprovechado todo lo que había recibido, no solo mi sustento, sino también como los útiles que se me confiaban con el fin de que aprobara el año lectivo. Bastó conque reprobara un año, resultado de mi actitud malagradecida e ignorante, para aprender la lección, que me indica que debo aprovechar y agradecer todo; lección que fue bandera de mi vida hasta este día. Dejando mi pasado, aterrizo en la actualidad, en la que puedo ver mares de personas llenando los supermercados, tratando de llevar a casa muchos productos que añoran tener, pero que antes ni siquiera merecían su atención: Cuántas veces despreciamos un huevo, y hoy queremos tener canastas llenas de estos. Cuántas veces pusimos problemas en casa porque la carne no era pulpa, hoy el anhelo es tener un trozo, así sea entreverado. Para no volver interminable esta lista, creo que llegó la hora de la prueba en la que toda la humanidad, de un momento para otro, se dio cuenta que todo en esta vida es pasajero, y que además nuestras costumbres van a cambiar, que seamos conscientes de la realidad que vivimos y dejemos de valorar lo pasajero y apreciemos lo verdaderamente esencial. En cuanto a la fe ni se diga. Cuántos le hicieron el asco a la oportunidad de ir al templo a adorar al Dios verdadero, y se dedicaron desde sus camas a rendirle culto al dios Morfeo, que es el dios del sueño. O practicando la doctrina del hedonismo que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato. Créame que hasta el domingo pasado (15 de marzo), no se me pasó por la mente que el templo iba a estar cerrado por algunos días y por supuesto cerradas nuestras reuniones presenciales, para hacerlas por medio de la tecnología virtual. Y hasta me pregunto: ¿y si el Señor Jesús regresa por estos días, sería ese 15 de marzo la última vez que nos vimos en esta tierra? Eso sin contar los que dejaron de ir no sólo ese día, sino que la desidia les cogió ventaja y nunca regresaron a la casa de Dios. ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo median-te la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege median-te la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación. 1Pedro 1:3-9 ¿Qué nos dice el apóstol Pedro aquí? Que el oro se coloca en un crisol que está puesto al fuego, logrando de esa manera que las impurezas salgan flotando a la superficie, dejando el oro mucho más puro que antes de pasar por el fuego. Lo mismo sucede con nuestra fe, que vale mucho más que el oro. Llegó el tiempo de que descubramos el calibre de nuestro cristianismo cuando nuestra fe es pasada por el fuego como hoy; esto es, puesta a prueba. Y así como no hay fin sin que haya un principio, ese fin tiene un ingrediente ineludible y es las pruebas que hay que presentar por medio del examen final ante el Juez de vivos y muertos y como decía mi padre: “El día de la quema se verá el humo”. Que Dios se apiade de nosotros. Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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21 de marzo, 2020

¿Apostamos?

En años pasados, un hermano de la Iglesia se me acercó y me dijo lo siguiente: ” , quiero confesarle que desde hace varios meses he venido jugando la lotería más importante del país, ¡Por favor ayúdame a orar porque si me la gano, le doy para que compre un templo” Este mismo hermano, quien dicho sea de paso atravesaba una difícil situación económica, días atrás me había dicho que no contara con sus diezmos, porque no iba a volverlos a entregar. Por supuesto que no acepté aquella “maravillosa” oferta de ayudarme, y acepté que no entregara sus diezmos, después de todo no era mi problema, sino su dilema. Al hacer memoria en este día acerca dicho episodio, recordé que mi suerte no está supeditada al juego de azar que es tan incierto, si no que mi suerte la sustenta el Señor Jesús. El salmo 16:5 dice:“Tú Señor, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte.” Ahora bien, ¿Quién no se ha visto tentado a jugar Loterías para dar “El gran golpe”? Seguramente muchos, entre ellos el hermano de la congregacion, y en una seguidilla en busca de la oportunidad de su vida, le llegó su ruina y no se dio por enterado. Ah, pero no solamente en los juegos de azar es donde muchos han puesto en riesgo su dinero. Pensemos en los que asisten frecuentemente al casino; o jugando vía Internet. Para otros, la “oportunidad” está en la bolsa de valores. Otros acuden a las pirámides, otros más, yendo a Iglesias donde les prometen prosperidad económica. También están los que apuestan en los deportes. En fin, la idea de estar apostando resulta irresistible para los codiciosos y avaros. El problema que tiene una persona de usar su dinero de manera tan arriesgada, es que en realidad no es el dinero el que está corriendo tanto riesgo, sino la misma persona. No olvides que todo lo que poseemos es un regalo del Señor JESÚS. Y entre otras cosas lo que demanda el Señor es que le demos un manejo responsable y usemos sabiamente el dinero. Escucha este consejo que nos da la Eterna Palabra de Dios. “El Dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece.”Proverbios 13:11 En cuanto al hermano de esta historia, hasta ahora no se ha ganado ninguna lotería y sigue trabajando con un ingrediente adicional, está de avanzada edad, además creo que goza de buena salud.   Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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21 de marzo, 2020

El Buen Humor

Soy muy aficionado a los crucigramas y en uno de esos días que tejía uno de ellos me encontré con la siguiente pregunta: “Remedio infalible” y sólo tenía cuatro casillas para llenarlo. Casi termino con mis neuronas de tanto pensar, cuál sería ese bendito remedio. Mi sorpresa fue grande cuando descubrí que la respuesta era: RISA, sí así como suena, risa. Y me reí de mí mismo. ¡Ah! es que quien no se ríe de sí mismo, la va pasar mal cuando otros sí lo hagan. Me encanta el buen humor. Ese mismo que debe tener el mismo Dios y quien además se complace en quienes gozan de esta cada vez más escasa virtud. La escasez del buen sentido del humor es de tal magnitud, que algunos han llegado ha pensar que este no proviene de Dios. Tal despropósito comenzó a calar en algunos ámbitos cristianos, al colmo de llegar a pensar que quien se riera o hiciera reír, no tenía el “bautismo” del Espíritu Santo. A propósito, hoy estoy recordando con mucho cariño al personaje de “La fysfu” representado por mi hija Claudia, quien acuñó la bella y profunda frase: “Dios es amor y humor” ¡Que tiempos aquellos! Tiempos en los cuales cuando se anunciaba “El Show de La Fysfu” el templo se colmaba de personas que oían el Mensaje de La Palabra de Dios expuesto entre risas y alegrías. No fueron pocos los que empezaron a ver al Señor JESÚS, no sólo como su Salvador y Dios, sino también como ese gran amigo que los hacía reír una y otra vez. Créeme que lo que te voy a decir es en “serio”: El verdadero líder entre otras virtudes, se caracteriza por hacer reír a sus liderados, sin tener que burlarse de nadie. Es notable y creo que usted está de acuerdo conmigo, pero una persona con buen sentido del humor es bienvenido en cualquier grupo de personas y en cualquier situación. Ahora bien, mantener un buen sentido del humor requiere de mucha sutileza y un cuidadoso acto de equilibrio. No se trata de hacer chistes groseros, ni bromas ligeramente vulgares, porque pasaríamos rápidamente a ser molestos y de paso reprochados. La clase de humor equivocada, así como el sarcasmo, los insultos y las burlas inclementes, puede herir en vez de sanar. El apóstol Pablo escribe algo muy importante al respecto: “Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar, haya más bien acción de gracias.” Efesios 5:4″ Tener un buen sentido del humor significa además, saber cuándo aliviar el estado de ánimo y cuándo cerrar la boca. Significa no tener miedo de burlarse un poco de uno mismo con el fin de ayudar a otro a sentirse mejor. Tener buen humor significa honrar al Señor JESÚS de una manera que traiga diversión y risa a los demás. “El corazón alegre mejora la salud, pero un espíritu abatido seca los huesos.” Proverbios 17:22   Rvdo. Nicolás Ocampo Sr. Pastor
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